HUGO MORALES 01

“NO VIMOS VENIR EL GOLPE DE ESTADO NI SUS CONSECUENCIAS PARA LA UNIVERSIDAD”

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Por Felipe Ramírez S.

Foto: Alejandra Fuenzalida

 

“Entré a trabajar a la Universidad de Chile hace 44 años, en julio de 1968, gracias a un tío que trabajaba en la rectoría, y el primer rector que conocí fue don Eugenio González Rojas. Tenía 18 años recién cumplidos, era muy joven y la Universidad vivía un período intenso debido a la reforma universitaria. Mi labor era atender rectoría.

Al poco tiempo de haber llegado los estudiantes se tomaron la Casa Central y el Rector González renunció, siendo reemplazado por don Ruy Barbosa y luego de las elecciones de 1969 por el Rector Edgardo Boeninger.

En ese momento existía la Asociación de Profesores y Empleados de la Universidad de Chile (APEUCH) y había una alta participación de funcionarios en la vida interna de la Universidad.  Esa fue la única vez que pude votar, y aunque nuestro voto no valía casi nada era algo importante para nosotros. Perder ese derecho y no haberlo recuperado en todos estos años fue algo muy triste para nosotros.

La Casa Central en esa época era un espacio lleno de actividad, los estudiantes venían a manifestarse y se solían hacer reuniones de funcionarios. Pero los últimos meses del Rector Boeninger fueron muy tensos ya que había diferencias importantes entre él y el Secretario General Ricardo Lagos, que era partidario de la Unidad Popular”.

 

EL GOLPE EN LA UNIVERSIDAD

 

“A pesar de todo, no vimos venir el golpe de Estado ni sus consecuencias para la Universidad. Esa mañana yo no alcancé a llegar a la Casa Central, porque cuando venía caminando por la Plaza Bulnes me encontré con un mayordomo de la U que me mandó para la casa diciéndome que había un golpe y estaban los militares por todas partes. Eran las 8 de la mañana.

Cuando volvimos, un par de días después, era un lugar totalmente diferente, nadie hablaba siquiera. El Rector Boeninger ya no regresó y lo reemplazó el señor César Ruiz Danyau, primer Rector designado por los militares. Poco a poco quienes estaban más inmersos en la política fueron despedidos y se perdieron las sedes regionales, adonde viajábamos a veranear y a jugar a la pelota en Antofagasta o Temuco.

De los dirigentes estudiantiles de esa época recuerdo a Alejandro Rojas, quien tras el golpe de Estado tuvo que irse a Europa. También conocí a Germán Quintana y Carolina Tohá, que vinieron a tomarse la Casa Central en una oportunidad pero fueron desalojados rápidamente.

Ahora he tenido más contacto con los estudiantes que el que teníamos antes del ‘73. A diferencia de esos tiempos, cuando se toman la Casa Central se acercan a conversar con nosotros, los estudiantes y también sus dirigentes como Gabriel Boric y Camila Vallejo. En los años ‘70 no conversábamos con los presidentes de la FECh, sólo los atendíamos en la rectoría cuando venían.

Yo creo que está bien que luchen los estudiantes. Actualmente trabajo como nochero de Casa Central, tengo un hijo de 18 años que quiere estudiar periodismo y me gustaría que estudie en la U. de Chile, pero cuando me jubile voy a ganar menos de la mitad de mi sueldo y no voy a poder costearle los estudios”.

 

*Publicado en El Paracaídas #1

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