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EDITORIAL: LA UNIVERSIDAD Y SU SINTONÍA CON LOS CAMBIOS

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Por Faride Zeran

Cuando el historiador inglés Eric Hobsbawm  estuvo en Chile en 1998, señalaba sobre el fin del siglo 20, un siglo corto según  él,  que se iniciaba con  la Primera Guerra Mundial y concluía con  la caída del Muro de Berlín, que entre las fuerzas para pensar el cambio  en este milenio estaban  los intelectuales, los estudiantes y el Estado. Un cambio, agregaba,  proclamado sobre premisas tan básicas y universales como las que dieron origen a la Revolución Francesa: libertad, igualdad  y fraternidad.

Hobsbawm, muerto hace dos años, tenía en ese entonces 82, y había vivido el siglo intensamente, como se lo recordé en la entrevista que le hiciera justo en los momentos en que Pinochet estaba detenido en Londres, y luego de saber que había estado  en Berlín, cuando Hitler era proclamado canciller; o  en Moscú, para la muerte de Stalin.

¿Cómo se comporta la Universidad de Chile en un tiempo de cambios y de demandas por una mayor democratización de la sociedad? ¿Es la misma que a fines de los años sesenta con el rock o  la Internacional como bandas sonoras  se hizo parte de la ola reformadora exigiendo democracia en la casa, en la calle y en la universidad?

¿Es la que resistió a la intervención militar y  pese a sus heridas logró doblarle la mano al rector Federici? ¿La que mantuvo, pese a todo,  la  libertad de cátedra, el pensamiento crítico, y los valores de la diversidad y del  humanismo, en la larga siesta de la transición con sus dogmas del autofinanciamiento,  del éxito personal  y  la competencia por sobre las agendas colectivas?

¿Se trata de la Universidad que está a la vanguardia del pensamiento crítico, del debate ciudadano y sintonizada con los cambios?

Cuando la Universidad de Chile cumple 172 años, y los discursos sobre nuestra impronta republicana y democrática se tornan recurrentes, éstas y otras preguntas surgen al calor de la conmemoración. Todo ello  en un contexto nacional de debate y reforma a la educación y, a nivel interno,  en medio del anuncio por  parte del Senado Universitario sobre el inicio de un proceso de  consultas en torno al cambio de estatutos de nuestra casa de estudios.

Volviendo a Hobsbawm, cabe preguntarse si  hoy, pese a los miedos y desconfianzas propios de un país que privatizó con  lógicas de mercado gran parte de las agendas colectivas, subsiste en  la Universidad de Chile la audacia de quien se asumió como agente del cambio.

 

*Publicado en El Paracaídas #3

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