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VALENTINA SAAVEDRA: “CUANDO NO EXISTE DERECHO A LA EDUCACIÓN ES IMPOSIBLE QUE EXISTAN UNIVERSIDADES PÚBLICAS”

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Desde que entró a la Universidad asumió cargos dirigenciales y el 2014 logró ganarse la confianza de tres fuerzas políticas (la UNE, el FEL y la Izquierda Autónoma) que solían ser antagónicas. La recién asumida presidenta de la Fech no se anda con rodeos y se enfrenta al 2015 dispuesta a instalar con fuerza la recuperación de la educación pública en la discusión por la reforma educacional.

 

Por Jennifer Abate

Fotos: Alejandra Fuenzalida / Felipe PoGa

 

En su colegio privado en San Felipe era “la comunista del curso”, pero fue al entrar a Arquitectura, el 2009, que Valentina Saavedra comenzó la carrera política que paso a paso la llevó a ser presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Su posición no es fácil. En un año clave para la discusión de la reforma educacional y con el peso de la expectativa sobre la rearticulación de los movimientos sociales después del peak de 2011, los peores días de la militante de Izquierda Autónoma y representante de la alianza “Somos fuerza” son aquellos en que tiene que responder entrevistas desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. Pero nada, dice, le quita el ánimo de enfrentar el desafío de rearticular políticamente un movimiento que en 2014 perdió impulso.

¿Cuál es el análisis que haces del movimiento social desde 2011 a la fecha? ¿Cuáles han sido sus triunfos y derrotas?

-Para hablar del movimiento estudiantil hay que pensar más atrás del 2011. El 2011 fue un reventón de un malestar social que se venía expresando en distintos hitos incluso desde el 2000 hacia adelante, y que tenía que ver con el no cumplimiento de esta promesa de la democracia, donde supuestamente se iban a tener más posibilidades de surgir, mayor movilidad social.

El 2011 hubo un gran avance, sobre todo en la instalación social de nuestras demandas, en el fortalecimiento de las organizaciones estudiantiles. Pero lo que no se logra es dar un salto más político respecto a las demandas que se estaban planteando. Además, como en la mayoría de los procesos sociales, el 2011 fue un peak y, por lo tanto, todo lo que vino después no pudo ser más que el peak y de a poco fue bajando el ánimo, la fuerza de la movilización. Lo que sí es potente es que se mantiene un conflicto educacional abierto. El 2014 efectivamente hubo menos movilizaciones. El movimiento social está mucho más a la defensiva que a la ofensiva y yo creo que esa es una autocrítica que hay que hacerse, que no se tuvo la capacidad para enfrentar el escenario con mayor impulso, liderando la agenda. Finalmente, quien tenía el sartén por el mango era el gobierno.

¿Y tú crees que esto se debe sólo al cansancio que se arrastraba desde el 2011 o también a que ya no estamos frente a un gobierno de derecha sino a uno de la Nueva Mayoría?

-Yo creo que está todo mezclado. Entre que va decayendo el ánimo y que, al mismo tiempo, tenemos un nuevo gobierno que viene con las banderas del movimiento social, que cree lo mismo que el movimiento social. Y eso quizás para los estudiantes no es suficiente, pero para la sociedad en general satisface en ciertos aspectos. Por lo tanto hay un ánimo de ‘esperemos a ver qué pasa’.

Además, durante todo el primer semestre no había claridad sobre qué quería hacer el gobierno. Se hablaba de un programa, pero era una suma de consignas y por lo tanto no había claridad sobre con quién se querían poner de acuerdo, cuáles eran los principios que iban a defender, quién estaba liderando al interior de la Nueva Mayoría. También tenemos un nuevo gobierno donde incluso sectores del mismo movimiento social son parte de él. Eso hay que decirlo: si bien son legítimas esas apuestas, creo que eso de alguna manera dificulta el escenario para tener un año movilizado.

Hoy la Universidad debate sobre la modificación de los estatutos que permitirían la triestamentalidad. ¿A qué crees que se debe la resistencia que ha tenido este debate?

-No me da mucho temor decirlo: creo que acá la toma de decisiones es una forma de tener tus propios nichos de poder, de influencia, y que claro, el que se amplíe eso significa transparentar muchos procesos, no solamente tomar decisiones, sino también que los decanos dejen de tratar de tenerle buenos sueldos a aquellos que votan por ellos y tener que preocuparse por la comunidad en su totalidad, abarcar más intereses, que el Senado tenga más autonomía, que haya un montón de cuestiones, no solamente la triestamentalidad.

La Fech ha tenido un rol preponderante liderando las movilizaciones estudiantiles con el apoyo y trabajo conjunto con la FEUC. ¿Qué desafíos vienen este año, cuando no parece haber puntos en común con su presidente, Ricardo Sande?

-Las diferencias que puedan haber con Ricardo son entendibles: participamos de organizaciones ideológicamente distintas, defendemos principios distintos en una reforma educacional. Pero es importante entender que más allá de que nosotros estemos o no de acuerdo, somos representantes estudiantiles y tenemos que reproducir lo que dicen nuestros compañeros. En ese sentido me imagino que siendo los mejores dirigentes que podamos ser no debiéramos cruzar solamente nuestras propias opiniones, sino también encontrar los puntos de acuerdo.

¿Qué opinas del trabajo del NAU, que perdió las elecciones y de su alianza con Revolución Democrática y el gobierno?

-Yo no tengo seguridad de si el NAU tiene una alianza con el gobierno. Sí creo que el trabajo que nosotros pudimos tener con el NAU era bien cercano, pero también tenía que ver con que en ese momento no había un gobierno de la Concertación. El 2014 cambia el rol que juega el NAU dentro de la Confech. Se nota una cercanía con Revolución Democrática, que tiene a la mitad de sus miembros dentro del gobierno. El NAU cumple un rol importante en la Católica en el sentido de que es un espacio difícil de disputar desde la izquierda y ellos pudieron construir ahí un proceso importante. El hecho de que perdieran también tiene que ver con los costos que significa asumir la administración de una federación durante seis años. Pero también les pasa costos el que hayan sido tan poco críticos de las medidas del gobierno y eso fortalece la idea de que es necesaria la autonomía de los movimientos sociales para poder avanzar.

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PELEAR POR LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Los papás de Valentina, ambos médicos, trabajan en el sistema público y desde chica le inculcaron el valor de ese concepto. Para ella, este ideal representa democracia, libertad y posibilidades de acceso equitativas que, a su juicio, hoy no existen en la educación chilena.

Al interior de la Confech te toca relacionarte con universidades que, no siendo estatales, se definen como públicas ¿Tú las consideras universidades públicas?

-Qué es lo público, también. Yo tampoco considero que la Chile sea tan pública. Creo que no existen universidades públicas en este momento. Yo estudio arquitectura y creo que un espacio público es uno donde uno puede ejercer sus derechos. Y cuando no existe derecho a la educación es imposible que existan universidades públicas. En ese sentido, una universidad estatal, que te cobra 300 mil pesos al mes, que hace investigación para las empresas, que cree que la extensión es la venta de servicios, que tiene una repartición del presupuesto que favorece a aquellas facultades que se pueden autofinanciar en desmedro de aquellas más artísticas o humanistas, que no se abre a procesos democráticos, yo creo que está lejos de ser pública. Entonces menos creo que una universidad que ni siquiera es estatal, sea pública.

En cuanto al financiamiento estatal o aporte directo a las privadas que se definen como públicas, ¿cuál es tu postura?

-Creo que tiene que haber un trato preferente a las universidades estatales. Si bien uno podría abrirse a que haya ciertos financiamientos desde el Estado a aquellas universidades según el rol que cumplan hacia la sociedad, no puede ser que pidan financiamiento del Estado pero que no acepten ninguna regulación de parte de él. Es necesario regular aranceles, regular elecciones de los rectores. A mí me parece impresentable que la Universidad Católica pelee y pelee por financiamiento y le responda más al Estado Vaticano que al Estado chileno.

Tú has planteado que “hay que salvar la reforma educacional incluso del mismo gobierno”. ¿Qué hay que salvar de este proyecto y cuáles son los cambios que vas a disputar?

-Nosotros estamos convencidos de que tiene que haber una reforma educacional, pero una que nos haga pensar nuevamente nuestra educación. Queremos una reforma educacional, pero no ésta, porque no es esto lo que le prometieron a Chile y no es esto por lo que nos movilizamos y nos seguiremos movilizando. Lo hemos anunciado de esa manera: el gobierno se tiene que abrir a ponerse de acuerdo con los movimientos sociales. El eje articulador de la reforma tiene que ser el fortalecimiento de la educación pública.

¿Hay alguna parte de los problemas que ves en la reforma que se solucione sacando al ministro Eyzaguirre?

– Eyzaguirre no ha estado a la altura del desafío. Durante el primer semestre trató de ponerse de acuerdo con todos, pero no se puso de acuerdo con nadie y lleva adelante una reforma donde no tiene ningún apoyo. Creo que el gobierno tiene que cambiar de estrategia y si Eyzaguirre, como persona, no es capaz de llevar una estrategia adelante, bueno, se tendrán que tomar las medidas que se tengan que tomar, pero yo creo que aquí lo importante es que la dirección que está tomando esta reforma cambie y estando o no Eyzaguirre, si la reforma continúa en la misma dirección vamos a seguir en el naufragio.

¿Qué crees que hay detrás de movimientos como la Confepa, que defienden, a la larga, el derecho a la segregación y a que los niños no se mezclen?

-Hay dos cosas que expresa la Confepa Una, el oportunismo de la derecha, que se aprovecha del miedo que tienen las familias sobre qué va a pasar con los colegios. Pero otro aspecto que creo que es aún más importante tiene que ver con un error del gobierno, que no es un error comunicacional. Lo que está ausente es lo central y tiene que ver con el fortalecimiento de la educación pública. Por ejemplo, que se vaya a eliminar el copago sin fortalecer la educación pública, lo que hace es que una institución que tiene un sostenedor que lucra tenga de alguna manera el poder de decir ‘bueno, yo quiero ser privado, entonces cierro”. Eso puede usarlo como medida de presión, porque sabe que no existen posibilidades dentro del espacio público para recibir a todas esas familias si él decide cerrar. Hay un error estratégico del gobierno, que permite que los sostenedores que lucran puedan ejercer presión a través del miedo. Las familias no tienen culpa del miedo, creo que es algo que hay que entender.

¿Crees que la reforma debe intervenir a los colegios privados?

-Yo creo que uno tiene sólo un sistema educativo o no tiene sistema educativo. Y creo que el sistema educativo corre para todos, municipales, privados, particulares subvencionados, lo que sea. Efectivamente la reforma tiene que meterse en los privados. Yo no estoy en contra de que existan los colegios privados. Creo que ellos pueden entregar proyectos alternativos, pueden entregar ideologías, religiones, culturas que sean alternativas a la que ofrece un proyecto fiscal. Pero sí tiene que haber una gran diferencia entre que un proyecto privado sea un proyecto educativo alternativo y que sea un negocio alternativo. Un colegio privado, ¿qué quiere? ¿Entregar un proyecto educativo alternativo o ganar más lucas? En temas de calidad tienen que cumplir con un mínimo de calidad. Que los colegios privados puedan seleccionar es permitir la construcción de elite.

¿Qué harías con las universidades que lucran, desde la Arcis a la Universidad del Mar?

-En primer lugar es importante que se escuche a sus comunidades. Es importante que el Estado tome las riendas del asunto. Yo creo que estas son las expresiones más materiales de la contradicción del mercado con la educación. A mí me han preguntado por qué satanizo el mercado. Mira, si vamos a hablar del modelo de mercado, hablémoslo después, pero una cuestión que yo sí satanizo es que el mercado esté arraigado en la educación, porque el problema es que cuando se contradicen siempre se va a superponer el interés del mercado. Y es lo que pasa en la Universidad del Mar y en la Arcis.

 

 

“En la Chile hay muchas cosas que cambiar en cuanto a equidad de género”

Valentina se reconoce como feminista, “pero no como activista feminista”, ya que asegura que sus disputas políticas más fuertes están en otros frentes. Sin embargo, considera que cualquier presidente Fech, hombre o mujer, tiene que preocuparse del tema, porque “al interior de las aulas está demasiado legitimado un trato diferenciado entre sexos opuestos”. Lo grafica con una anécdota: “Cuando estaba haciendo campaña entré a una sala de Beauchef de un profesor, que más allá de decirme que lo saludara con beso en la cara, al finalizar la conversación dice: ‘bueno, chicos, que bien que están acá, porque justo hoy vamos a pasar curvas’. Me indica y dice: ‘bueno, aquí tenemos muchas curvas’. La reacción de los estudiantes fue reírse. Yo lo encaré. Después un compañero de esa misma facultad me dijo: ‘¿cómo le respondes así al profesor’’. Ahí hay una serie de elementos cruzados en una sola situación: un profesor que cree que porque soy mujer me puede tratar de esa manera; un profesor que cree que es chistoso; un profesor que raya en la perversión; y estudiantes que creen que es chistoso y que no les puedes parar el carro”.

 

*Publicado en El Paracaídas #4

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