arturo fontaine 01

ARTURO FONTAINE: “LOS LICEOS EMBLEMÁTICOS SON UNA ESCALERA PARA ACCEDER A LA ELITE DEL PAÍS”

Share Button

El ex director del Centro de Estudios Públicos espera que la anunciada reforma a la educación pública de este año enmiende, a su juicio, un gran error del proyecto de inclusión aprobado en enero: el fin de la selección académica en los liceos públicos tradicionales. Para él, estos colegios representan una de las pocas opciones de movilidad social ascendente en Chile, un país que califica como elitista. El mismo objetivo que utiliza cuando analiza la crisis de la derecha producto del caso Penta.

 

Por Cristian Cabalin Q.

Foto: Felipe PoGa

 

Es un férreo defensor de la selección académica en los liceos públicos tradicionales, como el Instituto Nacional o Carmela Carvajal. Sus argumentos son sociológicos, educacionales, filosóficos y políticos. Aunque a modo de broma, dice que en esta entrevista le gustaría hablar de literatura, una de sus pasiones. De hecho, prefiere ser presentado ante todo como novelista. Pero de literatura no hablamos con Arturo Fontaine Talavera, profesor de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y uno de los intelectuales liberales más destacados del país. Fontaine fue durante 31 años director del Centro de Estudios Públicos (CEP), donde adquirió también la categoría de analista social.

 

La educación ha ocupado la atención de Fontaine en los últimos años. Desde 2011, organizó seminarios y debates con los líderes del movimiento estudiantil. Camila Vallejo, Francisco Figueroa y Giorgio Jackson estuvieron en los salones del CEP. También expuso públicamente su oposición al lucro en el sistema educacional. Según trascendidos de prensa, publicados cuando dejó su cargo en 2013, estas acciones fueron cuestionadas por el consejo directivo del centro de estudios que preside Eliodoro Matte. Fontaine fue remplazado por Harald Beyer, ex ministro de Educación del gobierno de Sebastián Piñera.

 

Hoy, Fontaine tiene un especial interés en la discusión sobre la reforma a la educación pública que se anuncia para este semestre. Cree que aún existe la posibilidad de revertir el artículo que elimina progresivamente la selección académica en los liceos públicos. Dice que si esto no ocurre, el Instituto Nacional y el resto de los emblemáticos dejaran de cumplir un rol fundamental en la sociedad: diversificar las elites.

 

En pleno debate sobre las reformas del gobierno de Michelle Bachelet, usted señaló que estos proyectos hostilizaban a la clase media. ¿El proyecto educacional finalmente aprobado en enero sigue hostilizando a esa clase media?

– Menos de lo que era el diseño original.

 

¿Y en qué medida se puede evaluar aquello?

– Porque se estableció gradualidad y eso atenúa el impacto.

 

Pero se mantuvo uno de sus aspectos fundamentales de la reforma: terminar con la selección académica en el sistema educacional.

– Quedó en el aire ver qué pasa con los colegios emblemáticos. Hay un compromiso del gobierno de volver sobre ese tema en la ley de educación pública. Entonces, hay una ambigüedad sobre que va a ocurrir al respecto, porque la fórmula a la que se llegó es como un engendro entre trucha y loro.

 

– ¿Por qué habría que preservar la selección académica en los liceos públicos emblemáticos?

 

Antes de responder esta pregunta, Fontaine busca en su Ipad uno de sus trabajos recientes en la materia, escrito en conjunto con el economista de la Universidad de Maryland, Sergio Urzúa. En “El Fin de los Liceos Emblemáticos: ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Impacto?”, Fontaine y su coautor exponen con cifras y gráficos su defensa a la selección académica. En el texto hay una crítica política explícita no solo al término de la selección, sino también al ranking de notas para acceder a la educación superior.

 

– Nuestra tesis es que los liceos emblemáticos son una escalera que le permite a personas de ingresos bajos y medios acceder a la elite. Es decir, son el único vehículo de movilidad social que tenemos. Un joven que estudia en estos colegios en una sola generación puede saltar a las capas dirigentes de Chile. Para que esto pueda ocurrir, tiene que haber un talento personal de selección.

 

Ese sería un argumento sociológico relacionado con la estratificación social, pero los especialistas en educación dicen que la selección académica no contribuye al mejoramiento del sistema educacional en su conjunto…

– Un tema importante para Chile es tener una capa dirigente inclusiva. Con los datos que tenemos, entre el 60 y 70 por ciento de los estudiantes de los liceos emblemáticos pertenece a familias con ingresos mensuales de 576 mil pesos o menos y ellos logran igualar los resultados de los colegios particulares pagados. Si miras a los colegios municipales en general, solo el 1 por ciento de ellos pone estudiantes en las universidades de Chile y Católica. En cambio, los emblemáticos ponen un 17 por ciento. En estos colegios, no hay correlación entre cuna y rendimiento académico: un alumno de una familia con ingresos de 200 mil pesos tiene la misma probabilidad de llegar a ingeniería civil en la UC o en la Chile que un alumno de altos ingresos. Es un logro educacional extraordinario a nivel mundial, porque en todos los países hay relación entre los resultados académicos y el origen cultural y económico de la familia. Esto no ocurre, por ejemplo, en el Instituto Nacional, que ha tenido un impacto altísimo en la sociedad chilena en términos de configurar una elite más diversa.

 

¿Ha configurado realmente esa elite más diversa?

– Mucho menos de lo que desearíamos, pero imagínate si lo eliminamos. Al terminar con este colegio vamos a dejar de tener este ascensor.

 

Pero la capa dirigente que proviene del Instituto Nacional en su mayoría pertenece a la clase media tradicional del país y los directorios de las grandes empresas están controlados por egresados de 5 colegios privados exclusivos.

– Efectivamente, en los directorios de las empresas ocurre eso, pero en el campo político y cultural es mucho más abierto. Tienes escritores, científicos, matemáticos o poetas. Muchos egresados de los emblemáticos son personas que han marcado el país y que venían de orígenes muy modestos. Nos tenemos que mover hacia una elite más inclusiva y eso lo están haciendo los liceos emblemáticos. Las elites se harán más diversas cuando los mercados sean más competitivos y valga más el talento que la cuna.

 

¿Y su efecto en el plano educacional?

– Primero, en lo educacional tienen un impacto de subir el nivel en educación básica, porque son muchos los que postulan y muy pocos los que quedan. Tienes a muchos alumnos compitiendo por llegar a estos colegios, lo que produce una emulación en los alumnos en la etapa final de básica. Luego tienes el efecto de irradiación de estos liceos sobre otros. Por ejemplo, el Instituto Nacional dio origen al Liceo Nacional de Maipú, que es excelente. Es el cuarto colegio con más estudiantes en ingeniería civil en la Chile. Ésta es una semilla, todavía muy chiquita, pero la deberíamos ampliar, no eliminar.

 

Pero ese efecto de irradiación también lo podríamos utilizar a la inversa ¿Qué pasa con los compañeros de aquellos estudiantes que dejaron sus colegios de origen en Lo Prado, San Ramón o La Pintana para ir al Instituto Nacional? ¿Dejaron de recibir ellos la irradiación de sus compañeros que estudiaban y rendían más? El llamado “efecto par” en educación.

– Sí, el famoso efecto par. Nosotros hemos demostrado que todos los estudios que se citan al respecto, o sea la influencia de buenos alumnos sobre alumnos mediocres, están basados en casos donde los alumnos vulnerables están en minoría y los alumnos de mayor nivel cultural están en mayoría. No hay casos en los cuales dos o tres alumnos buenos en un mar de alumnos mediocres logran cambiar el ambiente de ese curso. Por ejemplo, en India han incorporado una cuota del 25 por ciento de alumnos vulnerables en colegios privados y obvio esto genera un efecto positivo. Pero si repartes a los alumnos de los emblemáticos en Chile no vas a tener este efecto par positivo, vas a tener efecto par negativo. Ahí los buenos alumnos van a estar en un entorno donde no se valora el estudio, van a perder su capacidad de esfuerzo. En el Instituto Nacional hay un ethos organizacional que te lleva a estudiar cada vez más. Los emblemáticos son liceos pensados y diseñados para alumnos que tienen una gran vocación de estudio. No estamos hablando de inteligencia, sino de inclinación académica.

 

¿Cómo se podría mantener, entonces, ese aporte que usted observa de los liceos emblemáticos en la nueva ley de educación pública?

En el proyecto de educación pública hay que permitir que estos liceos sigan seleccionando. Para garantizar integración social, se les puede pedir que destinen un 30 por ciento de sus cupos a alumnos vulnerables que han demostrado talento y dedicación por el estudio. Si estos liceos pierden fuerza, va a perder fuerza la Universidad de Chile, que se nutre de muchos estudiantes del Instituto Nacional.

arturo fontaine 04

 

RANKING Y EDUCACIÓN SUPERIOR

 

Usted critica el uso del ranking de notas en el acceso a la educación superior. ¿Por qué es, a su juicio, un mal instrumento?

– El ranking establece una competencia entre los alumnos de tres generaciones. Entonces mi enemigo es mi compañero de curso y los que están a mi lado. Me conviene que a ellos les vaya mal para que yo suba. En este sentido, es una competencia fratricida. Además, el ranking promueve que el alumno se mueva de un colegio bueno a uno mediocre para subir su puntaje.

 

Según algunos estudios, las mujeres y los estudiantes vulnerables han sido los más beneficiados con el ranking. Dos grupos tradicionalmente en desventaja en el acceso a la educación superior…

– Claro, pero a cambio de sacar un alumno mejor preparado.

 

¿Preparado para la vida universitaria?

– Puedes llenar la universidad con alumnos vía ranking, pero tendríamos que asumir que la PSU no mide nada. Entonces, cambiemos la PSU, porque el ranking tiene muchas perversiones. Por ejemplo, pone al profesor en una especie de juez y parte, pues es quien te enseña y te deja dentro o fuera de la universidad.

 

Uno de los argumentos que usted utiliza para defender la selección académica en los emblemáticos es que ayudan a diversificar las elites. ¿Cumple ese rol también la Universidad de Chile?

– Hay que tener claro cuál es el sentido de una universidad como la Universidad de Chile ¿Por qué el Estado tiene que tener universidades? ¿Simplemente porque ahí van los alumnos de menor nivel socioeconómico? No, porque la Universidad de Sao Paulo, estatal y probablemente la mejor de América Latina, tiene un nivel de integración social bastante bajo. Lo que es esencial a una universidad estatal es su pluralismo y tolerancia.

 

En ese sentido ¿cualquier universidad que se defina como pluralista, independiente de su propiedad, es una universidad pública?

– Esa es una discusión un poco retórica. Creo que una universidad será pública mientras sea pluralista en un sentido general.

 

¿Se tiene que tratar por igual a todas las universidades que se declaran públicas, pese a no ser estatales?

– Sí. Está muy bien que haya ecuanimidad. El aporte que hacen algunas universidades privadas es enorme y hay que reconocerlo. Lo importante es que el Estado vele por su propia educación pública, es decir, por sus escuelas, liceos, universidades e institutos técnicos. Debe existir una línea educacional estatal pública. En esos lugares debe haber calidad y un compromiso ineludible con el pluralismo y la tolerancia.

 

¿Tendrían que ser además gratuitas esas instituciones?

– Es un tema muy difícil que se cruza con la libertad de enseñanza y la autonomía de las instituciones. Me inquieta hasta qué punto se va a resguardar la autonomía universitaria si todo el dinero viene de proyectos de la dirección de presupuestos y del ministerio de Educación. Además, me preocupa la extensión de la gratuidad, es decir, el porcentaje de alumnos que realmente va a quedar en universidades gratuitas ¿Todos van a entrar a algo que diga en un letrero ‘universidad’ o vamos a poner realmente requisitos para que ese algo sea una universidad? Entonces qué pasa con esa masa de estudiantes que quiere educarse, pero que no lo podrá hacer de manera gratuita, ya que su institución no tendrá la acreditación necesaria.

 

LA DERECHA

 

Las tres décadas de Fontaine en el CEP le permitieron conocer de cerca el tejido de poder empresarial y político de la derecha y de la actual Nueva Mayoría. Varios de los directivos del CEP son parte de los grupos económicos más poderosos del país. Hoy, Fontaine mira con optimismo el destape de varios casos de abusos y escándalos financieros. “Enfrentar y resolver estos temas le hace bien a Chile”, dice.

 

En su momento, usted cuestionó la tesis de que Chile se estaba moviendo hacia la izquierda producto del movimiento estudiantil de 2011 y la posterior elección de Michelle Bachelet. Pareciera que hoy en realidad nos estamos moviendo hacia la desconfianza en el espacio público debido a los casos Penta y Caval…

– Tengo la sensación de que estamos en un momento donde predomina la incertidumbre. Nadie sabe mucho hacia dónde vamos. Pero soy optimista y siento que es un momento interesante para Chile. Van a venir muchas cosas si el Servicio de Impuestos Internos continúa con sus investigaciones. Va a existir un remezón fuerte, pero es sano.

 

¿Hay una redistribución del poder? Se lo pregunto, porque pareciera que muchos intocables ya no lo son tanto.

– Eso está en proceso. Hay una evidente disminución del poder empresarial. Pero lo principal es que hay una especie de sospecha muy generalizada sobre esta connivencia entre negocios y política y sobre las ventajas de quienes están en el poder. Que se desmorone este castillo de naipes es sano, pese a que será un período de dolores. Es una herida que vale la pena abrir.

 

En esta relación incestuosa entre dinero y política, que afecta a todos los sectores, la derecha aparece como la más perjudicada con los últimos escándalos….

La derecha requiere de una importante renovación de liderazgos para volver a conectarse con su base electoral. La derecha en Chile siempre tuvo una importante votación en las capas bajas y medias. La derecha tiene que conectarse con los grupos aspiracionales, con quienes tiene una identidad más natural. Sin embargo, hoy está aislada de sus electores.

 

¿Pero es solo una crisis política o también intelectual? ¿La derecha dejó de defender ideas para dedicarse a defender intereses?

– No lo sé, pero creo que faltan más políticos que se identifiquen con los temas clásicos de la derecha. Por ejemplo, con la delincuencia o la drogadicción, que son problemas que preocupan a la inmensa mayoría de las mamás. Ellas quieren impedir que sus hijos terminen en las drogas. De hecho, la gente está saliendo de los colegios municipales hacia los particulares subvencionados también por este tema. De acuerdo con la última encuesta del SENDA, el 53 por ciento declara haber visto consumo de drogas en un colegio público. Entonces, es obvio que las mamás quieren sacar a los hijos de ahí. No es por los resultados del SIMCE, sino que por cosas más simples, como impedir que mi hijo se vaya a la droga.

 

¿Y las reformas de la presidenta Bachelet le abrieron estos temas a la derecha, especialmente, en el plano educacional?

– Abrieron un poco la puerta y eso se vio en las marchas de los apoderados, pero Penta es un telón que tapó todo eso. El futuro de la derecha está en conectarse con las capas medias, que valoran el orden, el progreso económico individual, que están endeudadas, van al mall y que quieren seguir progresando y que le tienen terror a la cesantía.

 

¿Por qué se desconectó la derecha con ese sector?

– Por un problema de liderazgo.

 

¿Es muy elitista la derecha para no ver esto, sus dirigentes no logran entender la conformación de Chile?

– Los dirigentes han tenido poca capacidad de conexión, pero así y todo la UDI ha sido el partido más grande. Sin embargo, en esta última etapa ha existido una creciente desconexión con los sectores medios, que es donde la derecha habitualmente cosecha el voto. En todas las encuestas, los independientes son la gran mayoría y ellos están castigando mucho al gobierno de Michelle Bachelet. Ahí hay un espacio para la derecha.

 

Mientras usted dirigió el CEP puso especial atención en el movimiento estudiantil ¿se podría reactivar este año en medio de los casos de abusos?

– El movimiento de 2011 fue un momento que tuvo mucha poesía, pues hubo una irrupción de la gente que no la habíamos visto en las últimas décadas. Además, habían dos banderas que eran muy atractivas: mejorar la calidad de la educación y buscar una forma de gratuidad, que en definitiva era una rebelión contra el alto costo de las universidades. Sergio Urzúa demostró en un estudio que para el 39 por ciento de los alumnos no es rentable ir a la universidad. Este movimiento denunció el lucro en la educación superior, que está prohibido, pero era hecho a la mala, un lucro clandestino.

 

¿Con trampa?

– Sí, con trampa. Había una cosa moral del movimiento estudiantil, una postura ética que a mí me tocó mucho en ese momento. Cuando este movimiento partió, el gobierno de Piñera no tenía un plan universitario. Sin embargo, surgieron las protestas. Recuerdo que un día mis estudiantes de filosofía de la Universidad de Chile salían de la clase para ir a marchar. Les pregunté ¿pero por qué ahora si este gobierno no ha dicho nada sobre la educación? Entonces una estudiante me respondió: ‘es que ahora los gatos están a cargo de la carnicería’. Existía esa sensación de que los grupos económicos se habían encontrado en La Moneda. Eso era lo que molestaba y eso es lo que hoy estamos viviendo al trasluz. Hay una conexión entre ese momento y hoy.

 

¿En qué sentido se observa ese vínculo?

– En que en ese momento existía la percepción de que los grupos económicos estaban demasiado cerca del poder político.

 

¿Además de una sensación de abuso permanente?

– Claro, pero era una intuición hasta que brota La Polar y el resto de los escándalos económicos, que son una larga lista. Estos casos impactan mucho y se necesita una limpieza. Esto es lo que ahora se conecta con las posturas éticas que estaban en la base del movimiento estudiantil.

 

*Publicado en El Paracaídas #6

Share Button