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BERNARDO SUBERCASEAUX: “ESTA NUEVA POLÍTICA DEL LIBRO TIENE UNA VISIÓN DE ESTADO”

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Abril, mes del libro, mes en que la nueva Política del Libro y la Lectura verá la luz luego de varios meses de trabajo. El profesor Bernardo Subercaseaux, gran estudioso de la cultura y la lectura chilena, analiza su proceso de elaboración, valora la incorporación de las propuestas que surgieron del Parlamento del Libro y la Palabra y plantea los desafíos que persisten a la hora de incentivar los hábitos de lectura en la educación formal e informal.

 

Por Francisca Palma

Foto: Archivo Dirección de Comunicaciones

 

Bernardo Subercaseaux es profesor de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Famoso –entre otros textos- por su Historia del Libro en Chile, como miembro del Observatorio del Libro y la Lectura de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones, participó activamente de las mesas de trabajo a las que convocó el Consejo Nacional del Libro y la Lectura para agosto y septiembre del año pasado.

En esas reuniones, a Subercaseaux se le prendió una “luz roja”: cuando algunos de los involucrados en la elaboración de la política de lectura del 2006 intentaron explicar los avances que habían logrado, “las intervenciones y los aportes no eran prolijos, eran muy generales, entonces se hizo evidente que no hubo un seguimiento y una evaluación de la política anterior”.

También ahí sucedió algo extraño: “la mayor inversión del gobierno fue el Maletín Literario, Cuestión que no estaba ni programada ni mencionada en la política del 2006 -2010”, asegura.

¿Por qué cree que ocurrió eso?

-Porque no hay políticas serias, bien pensadas. En la última edición de la Historia del Libro en Chile, yo hago un examen, coloco ahí todo los datos de cuánto se gastó. Faltó seguimiento. Se hizo un video en que aparecía una persona entregándole a una indígena aymara un maletín literario y le decía: “este es un regalo de la presidenta”. Así no se hacen las políticas culturales.Fue una muy bien intencionada, pero tal vez no muy bien pensada y que no tuvo seguimiento. Muchos de esos libros terminaron en ferias del libro, algunos fueron a dar a consultorios de salud porque no estaba bien claro donde se iban a recibir. Fue una inversión muy grande y algo bien intencionado pero los resultados de eso fueron bastante distantes de lo que se proponía.

Uno de los puntos que plantea esta nueva política es que sí va a haber un seguimiento…

 

Yo creo que es una muy buena intención, pero a mi juicio, cuando se presenta la política del libro frente a cada una de las 40 medidas aparece un responsable, y los responsables son muchísimos. Son instituciones como la ARCHI, la DIRAC, el Consejo Nacional del Libro, la DIBAM, el Mineduc, el ministerio de Hacienda, son muchos. A mi modo de ver, esto dificulta el proceso, tengo mis dudas. ¿Quién va a ser el coordinador de esto? En Chile hay que pastorear todo, ¿quién va a ser el que va a pastorear a las otras instituciones responsables?, ¿cómo se va a poder hacer un seguimiento? Yo soy de la idea de que esto tendría que tener una agencia independiente, liviana, vinculada al Consejo del Libro, pero independiente y con una responsabilidad única. Esas son las formas en que se puede hacer un seguimiento y una evaluación.

Si es que hubiese, ¿qué diferencias identifica usted entre la política del 2006 y la que se presentará este mes?

-Esta es más inclusiva, considera toda la cadena del libro. También es más moderna porque considera el fomento del libro electrónico y también considera el estudio de eliminar el IVA en los libros.

La política del 2006 era bastante ambiciosa también. Y la diferencia es que esta tuvo una convocatoria más amplia y más abierta. Todo el que quiso asistir, puso asistir. Se invitó a los editores, a los escritores, a los profesores, a los bibliotecarios, a los académicos. La anterior, además, fue una política solamente de un gobierno, del 2006 al 2010, esta tiene una visión de Estado porque contempla cinco años de plazo, que son tres del actual gobierno y dos del próximo.

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¿Qué relevancia le da a la incorporación de los resultados del Parlamento del libro y la palabra a la nueva Política? Actualmente, por ejemplo, se está discutiendo en el sur oficializar el mapudungun como lengua.

-En esta política hay medidas y acciones que tienen en cuenta la diversidad regional y cultural del país. Dentro de eso no solamente en lo geográfico, sino que en lo étnico cultura y por lo tanto está abarcando el mundo de la escritura pero también prestando oído al mundo de la oralidad.

Eso tiene que ver con lo que tú me estabas diciendo que se están desarrollando programas bilingües e interculturales en Temuco y otras regiones, que carecen de materiales de lectura en sus propias lenguas. La realización de esa actividad por la Universidad de Chile puso sobre la mesa ese problema, porque ese es un problema más bien regional, que no se conoce mucho. Creo que eso fue muy importante y la presencia de actores de esos procesos, no de intermediarios.

De alguna forma es visibilizar algo que está ocurriendo…

-Claro, en regiones, y que tiene muchas facetas, por ejemplo la medicina mapuche se utiliza en el hospital de Temuco. Posiblemente hay radios o programas que se transmiten en mapudungún. Hay todo un fenómeno que no está abordado por el campo del libro y la lectura y lo que es particularmente complicado, cuando se enseña un idioma y no hay textos que permitan seguir practicando ese idioma, porque estamos hablando de una cultura mayor y de una cultura menor. Que existan libros debe ser acompañado de propuestas y el plan de la lectura de alguna manera lo contempla con propuestas de enfatizar el interés de la lectura. Ojalá que pueda haber mediadores para este caso.

¿Cuál es la importancia de esta política en el contexto de la reforma educacional?

-El libro y la lectura es un saber fundacional del desarrollo humano y estamos hablando ahí del sentido informativo, del conocimiento, del placer, del ensanchamiento de la visión del mundo, de la educación artística, entonces estamos hablando de muchos temas. Todo eso tiene que ver con la educación. Cuando uno dice que la lectura es un saber fundacional en el desarrollo humano, eso te ubica la lectura en uno de los ejes del conocimiento, o sea, hay que aprender a leer y leer bien para aprender. La enseñanza aprendizaje tiene como uno de sus ejes fundamentales la capacidad de leer. Estamos hablando de comprensión, de conocimiento y el conocimiento es un proceso distinto a la información. Hoy día hay mucha información, pero el conocimiento implica un procesamiento y eso necesita un tipo de lectura determinada.

Por eso es clave plegar esta política a la reforma.

-Pero eso implica muchas cosas, por ejemplo que no hayan más de 40 alumnos por sala, que hayan bibliotecas de aula adecuadas.

En su opinión, ¿por qué han fallado las políticas de lectura anteriores?

-Las políticas de lectura, tal como lo plantea este programa, requieren ser abordadas desde muchos aspectos. Es malo usar esta palabra, pero se necesita una especie de “Teletón” de la lectura, necesitas publicidad, promover motivaciones. Esto es algo que tiene que pasar por la educación formal y también por la educación informal. Son pocos los niños que leen por su propio gusto. El tema es cómo en la educación formal se inculca el bichito de la lectura. Es contraproducente hacer leer a un niño de 10 años un libro de María Luisa Bombal, es contraproducente ponerlos contra la pared y decirles que hay que leerlo contra el tiempo. Ese problema, el cómo. Cómo se crea el interés por la lectura y la voluntad de leer, porque los lectores se autoeducan. Pero eso significa que en la educación formal debe estar jugando un rol mecanismos para incentivar la lectura que no sean contraproducentes. La lectura es fundamental, más fundamental que el precio de los libros. Yo creo que hay posibilidades para el objeto libro, sobre todo pensando en el libro electrónico, que de alguna manera implica una posibilidad de democratización, de que sean más baratos. Pero si no hay lectores son libros muertos. La política actual recoge a toda la cadena del libro, pero hay un pivote de esa cadena que es el de la lectura. Y eso tiene que ser abordado con la perspectiva más amplia posible.

 

*Publicado en El Paracaídas #6

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