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DOMINGO ULLOA: “DESPUÉS DE MI EL DILUVIO”

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Tocó la puerta de la Universidad el 2013 pidiendo acceso a algunas de las instantáneas que él mismo tomó durante los treinta años que fue jefe del Servicio de Fotografía. En el Archivo Andrés Bello de la Universidad llevaban un buen tiempo buscándolo: Ulloa era una pieza clave para develar el contenido de los más cerca de 70 mil negativos que el Archivo atesora del mítico Servicio. Hoy, este maestro de la fotografía será homenajeado con un libro que reúne sus fotografías del Ballet Nacional Chileno entre 1954 y 1957.

Por Francisca Escobar

Foto: Felipe PoGa

Domingo Ulloa (89) se define como técnico en fotografía. “No tengo otra aspiración”, dice. Ulloa empezó trabajando en 1943 –la era de la prehistoria, según él- en una empresa de publicidad. A la Universidad de Chile llegó por insistencia.

-Me iban a ver a la casa y yo dije varias veces que no me interesaba. A mediados del ’51 fueron a decirme que el rector don Juvenal Hernández quería hablar conmigo. Hicimos una cita en la Casa Central y me propuso que yo fuera el Jefe Técnico del nuevo Servicio de Fotografía. Me daban el dinero que fuera necesario para comprar equipos, tener un laboratorio, preparar funcionarios ¡todo era fantástico! Ahí empecé- recuerda.

En esa época, sus compañeros de trabajo eran mayores. Tenían unos 25 años y no les gustaba la idea de que alguien que venía recién llegando les explicara que lo que llevaban haciendo por años no seguiría. Con el tiempo las asperezas se fueron suavizando. Ulloa los recuerda como buenos compañeros.

-Trabajábamos con reflectores, con trípode, con cámaras grandes, no se hacía todo tan fácil como ahora. Además cuando salíamos a tomar fotografías, llevábamos chasis con placas. No es como ahora que usted puede tomar cientos de fotos de cualquier situación, incluso ráfagas. En ese tiempo había que tener LA foto, esperar EL instante, estudiar muy bien la hora de luz- dice Ulloa.

Según cuenta, vivió una época gloriosa de la Universidad, sobre todo por el equipo de gente maravillosa que llegó.

-Además de Roberto Montandón y Antonio Quintana estaba Mario Guillar, que luego se fue a Estados Unidos y llegó a ser el fotógrafo oficial del equipo donde jugaba Pelé. Patricio Guzmán, que murió hace poco. Muchos se fueron a Estados Unidos, Brasil, España, Alemania. Y allá fueron personajes, les fue muy bien.

En ese tiempo, recuerda, existía la Dirección de Extensión Musical, la Dirección de Extensión de Artes Plásticas, la Dirección de Extensión Nacional. Había salones de exposiciones en Bellas Artes, escuelas de temporada, el Teatro Experimental; era un tiempo de mucha actividad. Un tiempo en que todo estaba funcionando y en que Ulloa fue pieza importante del proyecto “Rostro de Chile”, que, con motivo de los 150 años de independencia de Chile, registró el país a nivel geográfico y humano. Además, el trabajo de Ulloa destacó por sus fotografías en paisaje y arquitectura de Santiago en las décadas del ’50 y ’60, por su registro del ballet de Erns Uthof y de la Univesrsidad de Chile, de los astilleros del Maule, retratos de Pablo Neruda y la exposición por los 200 años del natalicio de Andrés Bello.

Con el Golpe Militar se notó el cambio, dice el fotógrafo.” Yo no tenía ninguna participación en cosas políticas, pero la cantidad de gente que echaron fuera, los alumnos ¡quedó la desbandada! Hubo gente, sacerdotes por ejemplo, que eran alumnos que delataron a todos los compañeros que participaban en cosas políticas. Había un sacerdote que después era periodista en la Radio Agricultura, y él echó al agua a todos los compañeros de su curso y de los otros cursos”.

Ulloa sufrió permanentes allanamientos en su casa. Como había hecho clases en el Pedagógico, algo de eso se le habría pegado. Buscaban armas. Ulloa, que estaba casado y tenía hijos, cuenta que mientras hacía las tareas con los niños, los militares irrumpían en su casa, dejaban el desorden y volvían al mes siguiente.

Entre las cosas más impactantes que Domingo Ulloa recuerda en su trabajo en la Universidad está el haber fotografiado operaciones al cerebro que realizaba el doctor Asenjo. “A mí me tocaba ver operaciones de Parkinson, ahí esa gente estaba semiconsciente, permanentemente mirando a los ojos y sentados. Y perforan por aquí, meten unos instrumentos, y los brazos que estaban bailando de repente quedan quietos ¡era un milagro! Eran cosas espectaculares que uno veía”.

Finalmente se jubiló. Con los militares, dice, estaba “hasta aquí”. Un ejemplo: en la Escuela de Periodismo le entregaron pautas sobre cómo debía comportarse con los alumnos para tenerlos siempre ocupados, “para que no piensen, imagínese ¡las cuestiones! ¿Qué trabajo les doy para que no piensen? ¡Era una barbaridad!”. Así dejó la casa de dos pisos con enormes galpones, iluminaciones, telones, con que contaba el Servicio Fotográfico.

-El Servicio de Fotografía se vino al suelo, se acabó todo. Después de mí el diluvio. A mí me siguió el señor Manuel Danemann, después Darío Osses, y así empezó a pasar gente. En algún momento yo necesité ver fotos y ya no existía nada de eso. Me dijeron, “está todo ahí en la Casa Central”. Cuando fui a ver me encuentro con que en un sucucho, estaba metido Pepe Moreno con un escritorio, y más adentro había una salita donde había un laboratorio. Eso fue tétrico, no quise saber más del asunto. A eso se llegó, se había acabado todo- dice.

Un día, cuenta Ulloa, a la gente de la Biblioteca Nacional se le ocurrió hacer un libro con sus cosas. Él quiso incorporar a la publicación cosas que se quedaron en la Universidad. Así llegó al Archivo Andrés Bello, se presentó y preguntó si podía tener acceso a algunas de las fotografías que había hecho.

-Empezamos a mirar, y de todo lo que iba apareciendo decía “¡esto es fabuloso! ¡Estas tareas son fabulosas!” Y ahí llegamos al ballet y les pareció que eso era espectacular, entonces dijeron, “vamos a hacer un libro sobre el ballet”-cuenta.

Ahora, reconoce Ulloa, comenzó a dársele gran importancia a lo que él hizo en la Universidad. Mirándolo a la distancia, dice, cree que sí fue muy relevante la labor del Servicio. “Pero en ese tiempo, como era la Universidad, todo lo que hacíamos ¡era tan normal! En ese tiempo todo lo que hacíamos nosotros nadie lo podía hacer mejor. Y eso era lo que teníamos”.

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