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GABRIELA MISTRAL Y LA EDUCACIÓN: UNA HISTORIA EN LAS SOMBRAS

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Premio Nobel, maestra rural, poetisa de la infancia. La clásica figura de la Mistral se levanta para su pueblo a través de unos pocos versos.  Poco se sabe del rol que cumplió en los procesos de transformación de la educación latinoamericana, de su abundante producción de prosa sobre educación pública y política en que llamaba a abrir las aulas a todas las clases sociales, demandaba la existencia de las vacaciones de invierno y proponía la creación de escuelas nocturnas. En medio de la histórica reforma a la educación que se discute hoy en Chile, la historia y las ideas de esta ‘otra’ Mistral se abren paso.

Por Francisca Siebert

Fotos: Antonio Quintana. Gentileza Archivo Central Andrés Bello

Cuando en 1922 el Secretario de Educación de México, José Vasconcelos, invitó a Gabriela Mistral a colaborar en las reformas educativas de su país, el presidente chileno Arturo Alessandri dijo que “había otras chilenas más inteligentes y dignas de ser invitadas a semejante labor”. Vasconcelos, en un telegrama que emitió después de su visita a Chile a fines de ese año, respondió: “Más convencido que nunca de que lo mejor de Chile está en México”.

Mistral, nacida en Vicuña en 1889, se había trasladado en 1911 a Traiguén, en la IX región, donde comenzó su recorrido de once años dedicada a la enseñanza en escuelas de diversas ciudades del país, como Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco y Santiago.

“Yo vengo a hablar por amor, antes que por ciencia, de la Enseñanza Popular  y quiero dar a Uds. no un seco cuadro estadístico, sino la emoción de este problema”, escribió en 1918 en su texto Educación Popular.

Fabio Moraga, Investigador Asociado del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuenta que cuando Gabriela Mistral llegó a México, lo hizo precedida de una gran fama y un enorme ascendiente intelectual.

-Cuando aún se escuchaban los sonidos de las balas y se peleaban las últimas batallas de la revolución, la poetisa chilena anduvo por gran parte del país, incluso a lomo de mula, para llevar su mensaje que buscaba redimir a las clases populares, en especial al campesino y al indígena, para integrarlos a la nación por medio de la educación; elaboró libros de texto y contribuyó en la formación de las Misiones Culturales -grupos de profesionales e intelectuales que capacitaban a profesores de comunidades rurales y aisladas- en la Campaña de Alfabetización, y en congresos de maestros normalistas y profesores- dice Moraga.

En México Mistral puso en marcha las escuelas al aire libre, método en  que venía trabajando desde los años en que fue profesora en Chile. “Iba a lugares bien apartados de la sociedad y les decía ‘lleven los niños tal día y tal hora a este lugar’, y ahí educaba abiertamente. Es una concepción de la educación súper clásica en el sentido griego. Esto lo hace principalmente en Chiapas, pero en el resto del país se aplica una teoría similar y es un éxito. El desarrollo de identidad y la evolución del analfabetismo en México es ejemplar”, asegura Diego Del Pozo, especialista en la obra de Mistral, quien actualmente realiza su doctorado en la Universidad de Helsinki sobre la Premio Nobel y está próximo a publicar el volumen “Por la humanidad futura, Antología política de Gabriela Mistral”.

El  paso de la poetisa por México se extendió hasta 1924 y según Fabio Moraga “fue una experiencia inolvidable que la marcó el resto de su vida y que influyó en su obra literaria, su poesía y sus artículos periodísticos”. En estos años realiza la compilación para la educación femenina “Lectura para mujeres”, escribe decenas de artículos sobre el país y libros de poesía para niños.

Tras este primer viaje al extranjero el contacto de la Mistral con Chile fue escaso y distante. Volvió al país solo en tres oportunidades: en 1925 por algunos meses, en 1938 por semanas y en 1954 por apenas unos días.

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REDIBUJANDO A MISTRAL

“Lo que comúnmente se sabe de Gabriela Mistral es que fue una maestra rural abnegada y que se le dio el Premio Nobel, pero se sabe poco de su historia como pensadora, militante y gestora de una educación pública y democrática”, dice Leonora Reyes, académica del Departamento de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

Para Diego del Pozo la imagen que masivamente tenemos de Mistral en Chile es parte de una refundación de nuestras identidades culturales ocurrida en la dictadura de Augusto Pinochet. “Hay una relectura de la Mistral que se moldea en dictadura de tal modo en que no sea incómoda para la discusión social. Entonces la Gabriela Mistral pasa a ser fundamentalmente la profesora rural que escribe piececitos de niños y toda esta otra historia alrededor queda en segundo plano”, dice del Pozo, quien está cierto que ya para entonces “había una gran tranca en la sociedad chilena para acceder a Mistral por haber sido mujer, por haber sido cuestionada en su orientación sexual, y por haber sido una persona muy de avanzada con textos muy controversiales desde principios de siglo”.

Grinor Rojo, especialista en literatura latinoamericana y profesor del Departamento de Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile, explica que la Premio Nobel pertenecía al Chile nacional y popular instaurado por Pedro Aguirre Cerda, Presidente de Chile entre 1938-1941, colega y amigo de Mistral. “Ese fue el Chile que fue cortado de raíz durante la dictadura, por eso que lo que luego se recupera de ella es la figura más tradicional de todas, la figura de la madre”.

Para 1945, cuando Mistral gana el Premio Nobel de Literatura, tiene a su haber tres libros de poesía y un volumen de prosa que alcanza los 300 o 400 textos publicados en diversos países del mundo, muchos de ellos dedicados a problematizar sobre el rol de la educación pública y el Estado, los profesores, la pedagogía y la niñez.

Poco se conoce de la prosa de Mistral en nuestro país, como poco se sabe de algunos planteamientos que emergieron de ella y vinieron a cambiar la historia de la educación chilena, entre ellos su demanda por la existencia de vacaciones de invierno –“que la letra con frío no entra”, decía–, su lucha por abrir las escuelas para todas las clases sociales, lo que la llevó siendo Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas a permitir el ingreso de todas las niñas de la ciudad y a crear una escuela nocturna donde gente trabajadora, dueñas de casa e incluso prófugos de la justicia pudiesen acceder a la educación. Muy avanzada para su época, Mistral en esos años ya planteaba  su abierta objeción por los bajos salarios de los profesores y sus criticas el Estado docente.

“Me parece a mí calamidad el Estado Docente, especie de trust para la manufactura unánime de las conciencias. Algún día los gobiernos no harán sino dar recursos a las instituciones y los particulares que prueben abundantemente su eficacia en la educación de los grupos. (…) escuelas con ideales, mi amigo, con el suyo una, con el mío otra, organismos netos con rumbo confesado, socialista o capitalista, sin caretas”, escribía a su amigo Julio Barcos, pensador y educador argentino a principios del siglo pasado.

EL LEGADO MISTRALIANO

Las ideas educativas de Gabriela Mistral, explica Fabio Moraga, provenían de sus lecturas de Rabindranath Tagore y León Tolstoi, “dos intelectuales más conocidos como escritores y artistas que como educadores”, quienes en distintos momentos habían fundado escuelas experimentales en sus propiedades feudales donde practicaban la igualdad social y la no discriminación; hacían clases al aire libre, elaboraban sus propios textos de estudio y aplicaban sus propias técnicas pedagógicas. En el bagaje cultural mistraliano, continúa el investigador de la UNAM, también habrían fundamentos del intelectual ilustrado Jean Jacques Rousseau y de la experiencia del creador de escuelas normales el argentino Domingo Faustino Sarmiento, además de otros pedagogos de la época como Ovideo Decroly, John Dewey y Johann Heinrich Peztalozzi, “quienes formaron lo que se conoce como ‘pedagogía activa’ o ‘pedagogía de la acción’, centrada en el niño y en la experimentación de éste en el mundo como una forma “natural” de enseñanza-aprendizaje.

-Con osadía y sin dogmas, Mistral alimentó una redefinición de educación pública en que primara la diversidad cultural, de ideas y pensamientos, con el protagonismo de los sujetos que la constituyen, superando las profundas desigualdades sociales que arrecian nuestra educación y sociedad- dice Leonora Reyes.

A casi sesenta años de su muerte, con el modelo educacional en crisis y una discutida reforma en curso, el actual se levanta como un momento más que propicio para rescatar el legado educacional de la Mistral en sombras y hacerlo entrar en valor.

-La tarea hoy desde el punto de vista educacional es reconstituir sujetos plenos que sean capaces de mirar el mundo que tienen alrededor, de entenderlo y de actuar críticamente. Ahora se está abriendo un espacio para que reaparezca Mistral, para que reaparezca Neruda, para que reaparezcan las grandes figuras del pensamiento chileno- dice Grinor Rojo.

Diego del Pozo afirma: “Gabriela Mistral dice sobre la educación que ‘es el alma y espíritu del pueblo’ y que tú cuando tienes un pueblo educado, éste va a estar a la altura de la democracia, a la altura de la discusión, a la altura de hacer valer sus derechos. Por lo mismo, la labor de los profesores está en contribuir al alma, al espíritu de la ciudadanía, es decir, es un rol casi político. Si lo vemos de ese punto de vista, las ideas de la Mistral tienen plena vigencia dentro de la reforma: hay que reposicionar a los profesores, darles una nueva validez a la educación, revalorarla desde el sentido de la identidad, lo que nos conforma como sociedad”.

Por último, Grinor Rojo asegura que lo que hay que hacer en educación en Chile es lo que pedía José Martí, uno de los grandes héroes de la poetisa. “Pensarnos a nosotros mismos, pensar qué nos hace falta en educación. No se trata de pescar el modelo tal o el modelo cual que usan los europeos o los norteamericanos. De lo que se trata es ver lo que nos hace falta a nosotros y por lo tanto lo que hay que recuperar son los educadores chilenos que han sido capaces de repensar la realidad nacional, como Amanda Labarca, Olga Poblete, Gabriela Mistral”.

 

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*Publicado en El Paracaídas #7

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