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LOS ARCHIVOS SECRETOS DE LA AGRUPACIÓN CULTURAL UNIVERSITARIA

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Escondidos durante años para salvarlos de allanamientos estuvieron los documentos que quedaron de la ACU, la organización de estudiantes que reflotó las confianzas y rearticuló las movilizaciones en una época de represión y prohibición al interior de la propia Universidad de Chile. Esta es su historia.

 

Por: Ana Rodríguez S.

Fotos: Felipe PoGa y Archivo Fech-ACU

 

El día que Remis Ramos recuperó todo el material que sobrevivió de la Agrupación Cultural Universitaria, ACU, no pudo contener su emoción.

-Lloré de la alegría esa vez. Es un gran tesoro- recuerda.

Era 1987 y Ramos había llegado hasta la población Dávila, en el sur de Santiago, en busca de los archivos que había guardado un ex integrante de la ACU, el movimiento cultural que reunió a estudiantes de la Universidad de Chile desde fines de los ’70 hasta comienzos de los ’80.

En un galpón lleno de materiales de construcción, bajo unos tablones, aparecieron dos cajas grandes. El material se había salvado de la represión militar casi por milagro cuando, durante uno de los allanamientos a las poblaciones del sector sur, la familia metió esos y otros documentos en la maleta de un station wagon que habían acondicionado como una ambulancia improvisada. Arriba, sobre unas frazadas, iba acostada la abuelita fingiendo enfermedad para salir al hospital.

-Salieron con la bandera blanca porque la represión era brutal. Dijeron “vamos al hospital”, no los revisaron y pasaron. Y así se salvó el archivo. Esta es la camilla- dice Remis Ramos y muestra un mesón donde han desplegado todos los archivos de la Agrupación Cultural Universitaria.

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Desde este año, el Archivo Fech es el hogar de los archivos de la ACU, gracias al trabajo conjunto del equipo liderado por Claudio Ogass, coordinador general, y Leonardo Cisternas, coordinador de investigación del Archivo Fech. A lo rescatado de la población Dávila por Remis Ramos, que estudió Biología en la Chile y fue miembro activo de la ACU en esos años, se sumaron cosas que el mismo Ramos había logrado rescatar y almacenar en la bodega de un amigo.

Los acercamientos entre Remis Ramos y el Archivo Fech se remontan al 2010, pero el proyecto se comenzó a concretar el 2013, cuando Ogass y Cisternas lo motivaron a presentar un Fondart que les entregara recursos y formalizara el trabajo archivístico. Ese fondo, ya adjudicado, permitió que hoy se materialice la donación y comience el trabajo de organización de los archivos.

Ogass dice que siempre quisieron que los documentos de la Agrupación Cultural estudiantil estuvieran alojados en el Archivo Fech.

-Nosotros reconocemos a la ACU como una organización muy importante en la Universidad de Chile porque rearticuló las confianzas. La ACU es un símbolo de las resistencias, de esas ganas y ese espíritu que siempre ha tenido la Fech y la juventud chilena de poder democratizar el país. Sabíamos que había un espíritu en la ACU que es el que tienen los estudiantes de la Universidad de Chile: más movilizados, más conscientes del espíritu que los rodea- reconoce Ogass.

La donación del archivo de la ACU al Archivo Fech contempla la historia completa de la organización, tanto a nivel central como de sus ramas y de las distintas sedes de la Universidad. Hay libros de acta de las reuniones, recortes de prensa, afiches, fotos, la colección de revistas y publicaciones. Toda una historia por rescatar.

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LOS HUÉRFANOS

La historia de la ACU se remonta al ’77, cuando Jorge Rozas, estudiante de Ingeniería y miembro del conjunto folclórico de esa escuela, convocó a los demás grupos que había en la Universidad de Chile. Al llamado respondió el conjunto del campus Antumapu, de Casa Central y otras sedes, y formaron la AFU, Agrupación Folclórica Universitaria.

El primer evento que organizaron fue un festival de música en el teatro IEM, hoy cine Normandie, en calle Tarapacá. Así, cuenta Remis Ramos, partió un movimiento cultural que a poco andar cambió su nombre a ACU, “por la necesidad de ampliar el contexto de trabajo. Ya no era solamente folclórico, sino que estaban interesados estudiantes de otras áreas distintas como literatura, teatro, plástica”.

En plena dictadura existía un deseo muy fuerte entre los estudiantes por generar actividades. Sin representantes ni organización, Ramos dice que se sentían huérfanos.

-Porque todos los dirigentes que hubo en la historia estudiantil hasta el año 1973 ya no estaban. La mayoría tuvo que migrar, algunos fueron detenidos, otros desaparecidos- dice.

La ACU fue juntando una masa de jóvenes, los vínculos se fueron gestando y creciendo de manera exponencial. En poco tiempo, la ACU pasó a ser una gran agrupación, “una de las más grandes de la historia de Chile en términos no tanto de número de gente, sino como tipo de organización”, dice Ramos.

Dada la situación de represión generalizada, fue imposible tener una estructura jerárquica. La ACU, entonces, fue horizontal. Los estudiantes empezaron a armar talleres culturales en todas las escuelas de la Universidad. Se hicieron grupos de literatura, teatro y música. El movimiento comenzó a hacerse fuerte y real.

Para convocar a las actividades, los ACU avisaban a través de panfletos y afiches, o de tarjetas de cartón que se pasaban de mano en mano. Remis Ramos dice que se hicieron cientos de tarjetitas, con recortes de revistas o hechas a mano y fotocopiadas.

Entre los archivos hoy recuperados hay afiches con imágenes de Violeta Parra, de Quilapayún y mucho de la cultura de la época pre golpe de Estado. También está el primer organigrama de la ACU, con Jorge Rozas como presidente y el actual ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, como encargado de relaciones públicas, además de la colección de la revista oficial de la ACU, La Ciruela, y muchas publicaciones que salían de los talleres culturales. Remis Ramos aportaba a las ediciones con sus fotografías y el año ‘81 llegó a ser el encargado de la sede Macul.

-Por ahí nos conseguíamos algún funcionario que era proclive a la organización y nos sacaba fotocopias, o nos imprimía en sistemas de mimeógrafo cosas. Muchas veces arriesgando su cargo- dice Ramos.

Los ACU organizaban el pegado de afiches en árboles, sabiendo que detrás de ellos venían los agentes de la dictadura sacándolos. Y detrás de ellos, otra vez venía la ACU volviendo a pegarlos. “Siempre se consideraba que había que pegar los afiches que habían sacado los sapos”, dice Ramos.

Para el año 1980, que fue el más alto de la ACU, la Universidad de Chile tenía unos cien talleres culturales funcionando en las distintas sedes. Remis Ramos tomó un taller de fotografía donde eran quince inscritos. Haciendo el cálculo, estima que había unas dos mil personas participando activamente.

-Y eso era lo estrictamente ACU, porque había un universo de gente que eran los que participaban de presencia. Trabajábamos todos los días y fines de semana. No descansábamos. Estudiábamos, pero entremedio del estudio hacíamos un dibujito y ese dibujito se convertía en algo y salía a rodar. Conversábamos con los profes, los funcionarios, los integrábamos. La verdad es que fue un movimiento estudiantil en medio de un oscurantismo, que fue real– recuerda Ramos.

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LA ACU PROHIBIDA

Las reuniones de la ACU se hacían casi siempre en el pasto central del Pedagógico, en Macul, porque la Universidad sistemáticamente les negaba el préstamo de salas y demás dependencias. Además, la institución, a través de la rectoría intervenida militarmente, emitió decretos específicos en contra de la organización “y de todas las actividades que no fueran canalizadas a través de la federación de estudiantes que ellos inventaron, la Fecech –Federación de Centros de Estudiantes de la Chile, cuyo primer presidente fue Pablo Longueira-, llena de recursos”, dice Ramos.

Todos esos documentos también forman parte de este archivo recuperado, junto con notas de prensa de medios como El Mercurio, que denostaban a la ACU.

Pero ninguna de esas estrategias logró debilitar al movimiento; al contrario, lo incentivó.

-Estos boicot que generaron para destruir a la ACU nos hacían cada vez más grandes. Y además todo el mundo se enteraba. Éramos bien bandidos y se nos ocurrían miles de cosas para hacer- se ríe Ramos.

La ACU organizó festivales de música en el teatro Caupolicán y lo llenaban en cada ocasión, en una época en que repletarlo de gente era una aventura que significaba sobre todo mucho riesgo personal. También se tomaron los campus para hacer encuentros de música y teatro. Los que hicieron en el Pedagógico se llenaron. La Universidad les cortaba la luz para boicotearlos y ellos se las ingeniaban para tener sistemas de emergencia y seguir. Cada vez llegaba más gente y eso le quitaba el miedo a los jóvenes a participar.

-No había una cosa condescendiente ni temerosa. Éramos bien audaces en realidad- dice Ramos.

Esa audacia, ahora, está alojada en el Archivo de los estudiantes de la Chile. El Archivo Fech, reconoce Claudio Ogass, tiene muchos vacíos. “Y los documentos que están acá guardan silencio, la idea es transformarlos en palabras a cargo de sus protagonistas, aprovechando que están vivos”, dice.

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*Publicado en El Paracaídas #8

 

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