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SONIA PÉREZ: “LA REALIDAD SE PIERDE CUANDO SE PONEN EN JUEGO LOS SABERES DE LAS COMUNIDADES, DEL PUEBLO”

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Luego de la catástrofe en el norte del país se creó la Comisión Transdisciplinar de Desarrollo Atacama, un proyecto que busca hacer dialogar actores sociales, estatales y académicos para que, a partir de la experiencia de quienes han sufrido desastres naturales, emerjan soluciones y lineamientos para enfrentarlas a futuro. Sonia Pérez, sicóloga y miembro de este equipo, explica qué significa ser vulnerable hoy, de qué se trata la crisis de desconfianza en el país y la gravedad de las incertezas.

 

Por Ximena Póo

Foto: Alejandra Fuenzalida

Sonia Pérez, psicóloga y doctora en Psicología Social y del Desarrollo, de la Università Cattolica del Sacro Cuore, Italia, asegura que en su trabajo logró desarrollar “un sensor” que le permite “desarrollar, aprehender y meter las manos en el trabajo de aquellos espacios sociales donde hubiera una fractura, un movimiento”.

Pérez, que también es master en Psicología Escolar del Centro di Studi Bruner, Italia, dice que nunca se imaginó trabajando en el tema de los desastres naturales. Tampoco se vio ejerciendo fuera del espacio educacional, donde empezó. En Italia se especializó en aprendizaje, que le dio la mirada sobre la construcción subjetiva de los cambios siempre al interior de la escuela. “Y cuando vuelvo a Chile el 2005 hay un momento social importante, donde la ilusión era decir ‘estamos bien’, aunque no lo estábamos”, explica. En ese momento, Pérez se detuvo en lo que no estaba a la vista o lo que no se quería ver: la fractura social.

El contexto, explica, la empujó a mirar procesos fuera de la escuela, “procesos de precarización, y tratar desde ahí de comprender en Chile el vínculo entre las transformaciones sociales, relevar aquellas transformaciones estructurales que están siendo permanentes y muy invisibilizadas, como la pobreza y la vulnerabilidad”.

En ese momento el discurso sobre la desigualdad social era el hegemónico, pero “la desigualdad relativiza la situación estructural, y ahí empieza mi sospecha sobre la construcción de un discurso que no hacía evidente la noción del sujeto que estaba puesto ahí”, asegura.

La vulnerabilidad, dice Pérez, está cargada de significados muy subjetivos. “El vulnerable es el frágil también y, por lo tanto, el que hayan políticas para la vulnerabilidad, teorías que describan la vulnerabilidad, el que haya modelos de intervención que pretendan mejorar la situación de vulnerabilidad, los desplazamientos de contextos vulnerables a situación de vulnerabilidad; esta dinámica que se le trata de dar al concepto, describe un problema que siendo un problema relacional. Es la fractura de esa relación, la incapacidad del sistema de cumplir con sus trabajos”, advierte.

Las inseguridades sociales, explica la académica, no necesariamente se transforman en capacidades individuales o en desconfianzas colectivas. Y las desconfianzas afectan el bienestar subjetivo. “Todos los estudios de calidad de vida nos hablan de un Chile desconfiado y desde hace mucho tiempo de los miedos del chileno, puestos en los informes sobre Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Sin embargo, los movimientos subjetivos parecen ser más potentes”, asegura.

Y se traducen en acción…

– No necesariamente se traducen además en acción colectiva o en acción politizada, pero podrían ser un buen germen, como el movimiento subjetivo del miedo a la desconfianza y que hemos visto, a propósito de los desastres, y donde al rico y al pobre le pasa por igual. Y hay que tomar opciones; los riesgos se conforman en una arquitectura subjetiva y que atraviesa distintos niveles de la vida.

 

ACADEMIA Y CONOCIMIENTO POPULAR

Actualmente, Sonia Pérez es investigadora responsable (s) del Centro de Investigación en Vulnerabilidades y Desastres Socionaturales (CIVDES), de la Facultad de Ciencias Sociales y forma parte de la Comisión Transdisciplinar de Desarrollo Atacama de la Universidad de Chile, que tiene como misión proponer a la comisión interministerial Ciudad, Vivienda y Territorio, un programa de desarrollo que sobrepase la idea de una intervención “desde arriba” para instalar un plan que considere actores sociales, dirigentes comunitarios, Estado y gobernanza municipal; es decir, hacer dialogar y actuar transversal y horizontalmente a quienes han vivido desastres naturales y donde la experiencia de Chaitén (2008) y del terremoto 27F (2010) es fundamental a modo de aprendizaje e investigación académica asociados.

Desde ese espacio, Pérez ha tapizado su oficina con registros que dan cuenta de los proyectos que esta unidad ha liderado y que hoy mueve en la Universidad con el fin de articular un lugar para un conocimiento que se proyecte, precisamente, sin muros.

El trabajo de esta Comisión Transdiciplinar de Desarrollo Atacama, explica, significa retomar un compromiso con esa región que venía gestándose desde hace tiempo. “Estaba aunándose cierta sensibilidad académica que empezaba a ver en las regiones lugares en donde poder estar y desde donde se puede construir en alianza el trabajo. La comisión no nace en el interés de ayudar en donde se requiere ayuda, no es ni humanitaria ni voluntaria, ni emergencista ni asistencialista, sino que se encuentra con una política previa de la Universidad –en que la Chile realiza tutorías a las universidades que están en creación y pensando en instalar centros de investigación-, con un Estado que nos estaba diciendo, desde el ministerio del Interior y los gobiernos locales, cuáles son las demandas. Salud y problemas como la sequía, por ejemplo”.

La Universidad, dice Pérez, no puede hacerse cargo de un problema de emergencia, “pero sí hacerse eco de un vínculo con localidades, que mire a largo plazo, pero que venga de una historia de relaciones”. Por tanto, para ella la obligación de la Universidad de Chile es trabajar el vínculo entre las comunidades y el Estado, para que el conocimiento popular y su relación con el conocimiento académico se transformen en saber compartido y validado.

“Vulnerabilidades ante desastres socionaturales” se titula el curso que dictará Pérez este segundo semestre, un curso online interactivo que surge de la creación de UAbierta, proyecto levantado por la Iniciativa Proyecto Bicentenario en acuerdo con la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones. El curso estará abierto a la sociedad y puede acceder cualquier persona que quiera aprender de la experiencia de un trabajo en terreno que responde a una responsabilidad aprendida por quienes, como Sonia Pérez, han comprendido que la misión de una universidad estatal como la U. de Chile es un compromiso que se sustenta en la ciudadanía.

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SABER SOCIAL

A juicio de la académica, en Chile existe una desconfianza con la autoridad, el Estado, el vecino. Pero cuando las cosas se vuelven más críticas hay miedo y esta desconfianza se transforma en incerteza.

Ese movimiento tiene una relación con la verdad que obliga al sujeto, en especial al que se piensa individualmente, a replantear sus marcos de referencia. Y es que, dice, “hasta que uno tiene inseguridades y desconfianza tu relación con la estructura es ambigua, es amenazante en el miedo y la misma desconfianza, pero en la crisis ¿por qué no aparecen los traumas que sí aparecen en la vida cotidiana?”.

Una de las respuestas es que después de un desastre el problema no pasa por la tierra, el volcán, ni el aluvión. Lo que se remueve, advierte, “es lo que permite que haya acciones politizadas o resiliencia, y donde me parece que hay un giro subjetivo importante, es en el reconocimiento de la incerteza, la falta de verdad. Con la incertidumbre nos manejamos, con la incerteza no nos queda otra que construir nuevos marcos de explicación. Y el giro subjetivo ahí es muy interesante. Quienes no lo construyen se derrumban. Cuando tienes que construirte nuevos marcos de verdad sobre cómo queremos vivir esta tierra, con quién y desde dónde parto de nuevo adelante, hay una pregunta por lo cierto y ahí entra la pregunta académica sobre la construcción de certezas que se da entre la vinculación entre el saber popular y el conocimiento. Y ahí es donde la Universidad debe estar. A una universidad como la Universidad de Chile se le piden certezas”.

¿Y qué pasa si hay estudios, si la Universidad porta esas certezas, pero no alcanza a incidir en las políticas públicas o cuando el Estado no considera los estudios académicos?

-No hay vínculos permanentes con el Estado, incluso en universidades como la nuestra que están llamadas a tener un vínculo más activo. Lo que pasó con el 27F es que el Estado sí pidió ayuda, pero cuando pide ayuda no sabe a quién pedirla y quien quiere darla no sabe a quién entregársela. Con la Universidad pasa lo mismo. Faltan orgánicas que no sean personalistas ni personalizadas y de eso carece este país.

¿Hasta dónde llegar entonces con la misión de la Universidad?

Yo soy de la visión de que la Universidad tiene otra misión, que es hacer efectivo y hacer circular el conocimiento. El conocimiento no es conocimiento cuando se construye, se descubre o se genera o describe; el conocimiento se vuelve conocimiento en una fase de recreación que lo convierte saber social. Ese paso de conocimiento científico a saber social sí es parte de la misión de esta Universidad, a diferencia de otras. Se nos perdió hace unos años cómo se hace esa vinculación. Si tuvieras los mismos informes que entregas al delegado presidencial en las organizaciones sociales de base, en el momento en que pasa un desastre la gente igual sabe qué hacer o cómo mitigar y cómo exigirle al Estado lo que el Estado no sabe. No es sólo el conocimiento al servicio de los organismos públicos sino un conocimiento público implicado en los saberes sociales. Hay mucho que hacer ahí también.

Los conocimientos científicos, reconoce Pérez, no son únicos y, por tanto, describen distintas aristas y hasta pueden contradecirse o llegar a conclusiones que están orientando a decisiones diversas. Ella advierte que “la verdad, la realidad se pierde, cuando no se ponen en juego los saberes de las comunidades, del pueblo. La certeza no sólo está cuando se escribe el paper”.

Sonia Pérez cree indispensable articular a académicos y estudiantes en función de programas que logren vínculos con las comunidades, proyectando una forma de hacer y estar en la Universidad de Chile, donde no siempre los trayectos vitales de los y las académicas son reconocidos. Y, por tanto, llama a volver a mirarse en medio de una “cultura de trabajo que me hace querer a esta Universidad bastante, pero que desgasta a muchos colegas por la sobredemanda que tenemos”.

Volver a mirarse para ver que “nuestras prácticas de hacer academia han bajado los muros, y hoy se hace academia en las casas cuando, por ejemplo, nos reunimos con tesistas; en los patios, en las regiones, en la calle;”. Porque, insiste, trabajar en la Universidad de Chile implica transitar por la historia de un país que se construye colectiva y cotidianamente, y en donde, agrega, los indicadores de calidad deberían estar siempre “conectados con la ciudadanía”.

 

*Publicado en El Paracaídas #10

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