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RICARDO FFRENCH DAVIS: “LA DERECHA GANÓ LA BATALLA COMUNICACIONAL CONTRA LAS REFORMAS”

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Es uno de los economistas más influyentes del país. Estudió su doctorado en la Universidad de Chicago en los años ‘70, pero es crítico del neoliberalismo a ultranza aplicado en Chile. Cree que las reformas estructurales prometidas por el gobierno de Michelle Bachelet son necesarias y deben seguir adelante, sobre todo, aquellas que buscan reducir las desigualdades. “Hay que revisar la reforma tributaria para que recaude más y no menos”, dice.

 

Por Cristian Cabalin

Fotos: Felipe PoGa

 

Se graduó como doctor en Economía de la Universidad de Chicago en 1971 en medio de una generación de economistas chilenos que vieron a Milton Friedman, el padre el neoliberalismo, como un “gurú”, pero él nunca fue su estudiante. Simplemente, asistió como oyente a las clases “para conocerlo, era muy entretenido como profesor, pero era un extremista neoliberal”, señala Ricardo Ffrench-Davis, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2005.

 

Ffrench-Davis sabía que el fundamentalismo de mercado no era lo suyo, pues tenía una visión más keynesiana de la economía y ésa es la que ha promovido a lo largo de su carrera profesional y académica, con más de 20 libros y 120 artículos, publicados en ocho idiomas. Ha trabajado en el Banco Central, la CEPAL, CIEPLAN y ha asesorado a distintos gobiernos. Hoy, como profesor titular de la Facultad de Economía y Negocios, FEN, de la Universidad de Chile, se esmera por enseñar una economía alejada de los dogmas neoliberales.

 

Por eso, no acepta que se le catalogue como un “Chicago boy”, tal como se llama al grupo de economistas que aplicó las reformas neoliberales durante la dictadura de Pinochet. Reconoce el peso intelectual de varios de ellos, pero difiere de sus planteamientos y métodos. Ffrench-Davis es crítico de ese modelo de desarrollo y de la economía financiera, que consiste simplemente en la especulación. Dice que Chile debería moverse en una dirección distinta, que el neoliberalismo ha probado su fracaso y que no se explica por qué desde fines de los ‘90 la Concertación aplicó con mayor rigor las directrices neoliberales.

 

¿A fines de los ‘90? ¿Acaso la Concertación no continuó con el modelo económico de Pinochet desde el comienzo de la transición?

– No. Quienes sostienen eso están metiendo en un mismo saco distintos períodos de la historia económica reciente. Existen al menos tres o cuatro etapas bien marcadas. Por ejemplo, la primera mitad de la dictadura es la ortodoxia neoliberal pura, entre el ‘74 y el ‘81, y después hicieron cambios importantes, cosas que ellos mismos aborrecían: se repusieron aranceles de importación, entre otras medidas. Luego, con la presidencia de Aylwin y con Alejandro Foxley como ministro de Hacienda, se aplicó una reforma tributaria, restableciendo los impuestos a las utilidades de la empresa, que se habían eliminado en el ‘84. Con esto, se detiene en parte el impulso neoliberal, porque no es lo mismo reponer que eliminar. Pero a fines de los ‘90 retrocedimos fuertemente. Nos insertamos en la globalización de la volatilidad financiera.

 

¿Cuál es la responsabilidad de los ministros de Hacienda, desde el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en esa vuelta hacia el neoliberalismo más duro?

– Esos conductores de la política económica estaban por insertarse en la moda predominante en el mundo: la economía financista. Ellos fueron muy conservadores.

 

Entonces, ¿cómo podríamos definir el actual modelo económico del país?

– Tiene elementos del neo-estructuralismo y también residuos keynesianos, pero no lo suficientemente fuertes.

 

¿Cuáles son los cambios que se necesitan para aumentar el crecimiento y la igualdad?

– Se deben introducir con mucha más eficacia la selectividad tributaria, la selectividad intensa en lo financiero y necesitamos una reforma del mercado de capitales que sea pro PYME y pro desarrollo. Es muy débil lo que tenemos. El mundo neoliberal nos dice que debemos tener un mercado profundo, pero lo que tenemos es solo profundo en desigualdad. Y eso es muy malo para el desarrollo.

 

¿Algunas de las reformas de la presidenta Bachelet apuntaban a ese desarrollo con mayor equidad?

– La reforma tributaria, decididamente, sí. Esta reforma -con todos los defectos que uno ha remarcado- es mucho mejor que la que teníamos hace un año. Quizás, no podremos recaudar el 3 por ciento, pero sí entre el 2,5 y 2,8 por ciento y eso es un cambio importante. Tener reformas de 3 por ciento son muy difíciles, porque tenemos un sistema tributario neutro: tratamos por igual a una empresa que produce todos sus productos que a una empresa extranjera que simplemente explota los recursos naturales que pertenecen a toda la sociedad. Y con la reforma, al menos, avanzamos hacia una carga tributaria cercana a la mitad de los países desarrollados. Esto ha sido muy duro de lograr, porque la derecha ganó la batalla comunicacional contra las reformas.

 

¿Por qué la derecha ganó la batalla comunicacional, por qué no se defendió con fuerza el programa?

– Fue muy poco claro. El programa se presentó relativamente bien y las personas votaron tranquilas. El 62 por ciento que votó estaba con esperanzas. Los primeros pasos fueron correctos, pero cuando la derecha empezó a ver que las reformas tributaria y laboral iban en serio salió a defender su causa con eficacia, una causa que es mala para Chile.

 

¿Es mala la causa económica de la derecha?

– Sí.

 

¿Por qué es mala para Chile?

– Porque no da crecimiento y da desigualdad. Y el ejemplo más claro es el lento crecimiento. Pinochet no fue campeón en crecimiento. Tuvo un 2,9 por ciento de crecimiento promedio anual. Un resultado mediocre. Antes del golpe del ‘73, crecíamos a un ritmo del 4,5 por ciento y en los 25 años después de la dictadura hemos crecido un 5,1 en promedio.

 

¿Entonces por qué hay tanto temor de aplicar las reformas estructurales y se habla de gradualidad y prudencia?

– Porque no hubo un manejo político correcto de las reformas y su comunicación fue deficiente. Y esto le dio espacio a dos grandes medios de comunicación para decirnos todos los días que “tal impuesto va a subir el precio de la vivienda” y que los costos los pagará la clase media.

 

¿Se refiere a la cobertura económica de El Mercurio y La Tercera?

– Claro. Se resumían siempre en portada los posibles efectos negativos de la reforma y se argumentaban estos pronósticos con dos columnas. No es casual que a dos tercios de los chilenos no les guste la reforma tributaria. Esto me llama la atención, porque la reforma la paga proporcionalmente mucho más el 5 por ciento de los chilenos más ricos. La reforma es decididamente progresiva y progresista, pero la opinión pública piensa que no.

 

¿Y si es progresiva y progresista, por qué ahora casi se ofrecen disculpas por la reforma?

– Realmente, no lo entiendo. Se debe reiterar que la reforma tributaria la va a pagar el 10 por ciento más rico.

 

– Pero la reforma y el lento crecimiento se utilizan incluso como argumento para justificar que algunas promesas del programa de gobierno no se podrán cumplir…

– Ahí de nuevo hay una falla comunicacional, porque se confunde velocidad con inacción. Yo entiendo que cuando la Presidenta dice “sin renuncia” significa que las reformas van. Se pueden revisar, pero deben ir. Por ejemplo, la tributaria hay que revisarla para que recaude más y no menos.

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ECONOMÍA PARA EL DESARROLLO

 

¿Qué hay de cierto que toda esta discusión pública afecta el crecimiento? ¿Se alteran las percepciones de las personas con este debate sobre las reformas?

– Sí, porque la gente está menos optimista en estos momentos. Está más intranquila y consume menos. El problema es que ahora estamos gastando menos de lo que el país es capaz de producir. Chile puede producir a un nivel 100, pero estamos en 95. Ahí tenemos cinco puntos de capacidad productiva que se necesita reactivar. Para eso, no necesitamos equipos, maquinaria nueva ni infraestructura. Lo tenemos, pero lo estamos perdiendo.

 

¿Hay también factores externos que explican el lento crecimiento?

– Toda América Latina está en lento crecimiento, porque tenemos algo en común: la explotación de recursos naturales. Muchos países latinoamericanos apostaron por los recursos naturales de manera neoliberal, dejaron que el dólar se abaratara y nos llenamos de importaciones. Nos comimos la plata proveniente de los buenos precios de la soja, del cobre y otros recursos. Botamos la plata y castigamos nuestro sistema productivo con un exceso de importaciones, que perjudicó a las PYMES. Además, desde el ‘99, tenemos un tipo de cambio libre, que es manejado por los flujos especulativos. Esos que traen platas financieras de día para meterlas a la bolsa y sacarlas por la noche. Así como las platas de las AFPs, que entran y salen, especulativamente.

 

Pero esa parece ser la doctrina que se sigue enseñando en las facultades de economía…

 

-Hay un problema con la enseñanza de la economía. Durante 16 años, en Chile solo se podía enseñar la verdad neoliberal. Estuvo muy de moda la formación financierista en el país. Pero la crisis global ha ayudado, en parte, a cambiar esto. Antes de la crisis del 2004 al 2008, conocida erróneamente como subprime, para los neoliberales todo estaba flotando a la perfección con crecimiento del 5 por ciento en Estados Unidos y en América Latina. Pero la crisis los obligó a sacudirse, tanto que el Fondo Monetario Internacional publicó en 2010 un informe donde reconocieron que se equivocaron con las metas de inflación y con otras políticas. El FMI, el espolón del neoliberalismo, reconoció sus errores.

 

Si se reconocieron esas equivocaciones, ¿cómo se explica que la gran mayoría de los economistas con tribuna pública siga con ese discurso?

– Para entenderlo hay que mirar un reportaje de El Mercurio, donde se decía “los economistas debaten el tema de la desigualdad”. Pero ¿quiénes eran esos economistas? Tres empresarios. Uno de ellos de extremo pinochetismo. Dos empresarios razonables de derecha que están dispuestos al diálogo; un economista de derecha que trabaja en temas de distribución del ingreso; y otros dos economistas muy de derecha. Esos no son “los economistas”, hay otra economía. Hay una economía no de derecha, que aparece muy poco en los medios de comunicación. Ahora están llegando a Chile muchos economistas, después de su doctorado, con otros enfoques. Necesitamos este recambio. Necesitamos una reorientación de la enseñanza de la economía hacia el desarrollo.

 

*Publicado en El Paracaídas #10

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