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LOS LIBROS QUEMADOS DE MEDICINA

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El 20 de septiembre de 1973 se desarrolló un desconocido episodio de represión. A pocos días del golpe de Estado y cuando la intervención de las universidades recién comenzaba, los militares obligaron a los funcionarios y académicos de la Facultad de Medicina a quemar decenas de libros. Autores marxistas, textos sobre glóbulos rojos y folletos de primeros auxilios fueron algunas de las víctimas del fuego ante la impotencia de sus antiguos dueños.

 

Por Felipe Ramírez S.

Fotos: Felipe PoGa

 

La doctora María De la Fuente, pediatra, escritora y actriz, recuerda que la primera vez que escuchó la palabra barbarie fue cuando su padre la mencionó refiriéndose a la quema de libros realizada por los nazis en Alemania el 10 de mayo de 1933. Cuarenta años después, la académica de la Universidad de Chile protagonizó una escena muy similar junto a militares chilenos en un patio de la Facultad de Medicina.

 

La imagen de un grupo de soldados quemando libros en las cercanías de la Remodelación San Borja durante un allanamiento el 23 de septiembre de 1973, se ha transformado en un ícono de los esfuerzos de la dictadura por destruir cualquier elemento que estuviera relacionado con las ideas marxistas.

 

Pero ese episodio no fue el único en el que los militares, con el poder asegurado en las manos de la nueva Junta Militar, buscaron “extirpar el cáncer marxista” a través de una maniobra similar a la de los estudiantes y profesores universitarios nazis de los años 30.

 

Sólo tres días antes, el 20 de septiembre y cuando recién terminaban las fiestas patrias más tristes de la historia, como las calificó De la Fuente en una carta a sus amigos escrita en febrero del año siguiente, los académicos y funcionarios de la Facultad de Medicina recibieron una circular. En ella se les sugería llevar toda la literatura o publicaciones declaradas enemigas del régimen actual al patio central del Zócalo, frente a la Sala 150, para ser quemados desde las 10 de la mañana.

 

La escena que siguió  marcó a De la Fuente hasta el día de hoy. “Ahí estaba un militar con un fusil mientras la gente llegaba y ponía los libros en el fuego” recuerda. “Vi llegar a profesores universitarios, alumnos y funcionarios con sus libros, folletos, apuntes de todo tipo, y lanzarlos a la pira, que pronto fue una hoguera” denunciaba en su carta cinco meses después, recordando cómo obras del líder comunista chino Mao Tse-Tung, del historiador Hernán Ramírez Necochea y de la socióloga Marta Harnecker se transformaban en cenizas en el medio de la Universidad de Chile.

 

Un episodio en particular logra aún transmitir la angustia que sentía la doctora en ese momento. El entonces director de la Escuela de Salud Pública (ESP), Dr. Hugo Behm Rosas, se resistía a quemar un libro escrito por Harnecker, aduciendo que lo tenía subrayado y que aún no lo terminaba de leer.

 

-El Dr. Behm estaba arrodillado al lado de los libros y seguía diciendo “cómo voy a quemarlo”, y el militar que estaba ahí lo miró y le hizo sólo una señal con la cabeza, un pequeño movimiento diciendo “tírelo no más”. Salió de ahí cabizbajo de espaldas a la pira, con los ojos brillantes de ira e impotencia- recuerda María De la Fuente. El otrora director de la ESP sería tomado detenido algunos días después, expulsado de Chile y exiliado en  Costa Rica, país que lo acogió hasta su muerte a los 98 años.

 

Los autores marxistas no fueron las únicas víctimas de este pogromo cultural. Folletos de primeros auxilios fueron catalogados como obras subversivas, al igual que libros relativos a la experiencia de jardines infantiles en los entonces países socialistas, y a ejemplares de la Serie Roja, que trataba sobre los glóbulos rojos, y que un doctor hematólogo guardaba en su oficina.

 

Sin embargo, incluso en momentos como ese, con Santiago bajo control militar y el humo ascendiendo desde los patios de la Facultad, los ánimos de resistencia se expresaron en pequeños pero significativos gestos.

 

–Una colega tuvo la valentía de sacar entre el humo dos ejemplares de su tesis, “El proceso de democratización del Servicio Nacional de Salud en Chile”. Recuerdo también al profesor Hernán Romero, uno de los fundadores de la ESP, que entonces estaba jubilado pero mantenía una oficina frente a la mía. Estaba indignado y decía “no puedo tolerar esto, es un atropello. Si quiere guardar algún libro pásemelos”. Cinco años después los fui a buscar a su casa donde quedaron escondidos- recuerda De la Fuente.

María De la Fuente

María De la Fuente

 

EL RINCÓN CULTURAL

 

María de la Fuente recuerda con cariño los años de la Unidad Popular en la Universidad de Chile.

–Fueron años de mucha actividad y cariño, la Universidad estaba abierta a muchas iniciativas, se participaba en los trabajos voluntarios y desde 1968 hubo muchos cambios internos al alero de la reforma universitaria- destaca la académica, hoy jubilada.

 

Militante del Partido Comunista en esos años, compara su época de estudiante con lo que pudo alcanzar a vivir como académica antes del golpe de Estado, desde una época en donde los profesores eran grandes autoridades con séquitos de estudiantes seguidores, a un ambiente que califica como democrático y abierto. “Era una especie de paraíso donde había mucha comunicación con los estudiantes, y todos, alumnos, docentes y empleados podíamos votar por los cargos”, asegura.

 

Sin embargo, también recuerda con claridad cómo los conflictos dentro de la misma Unidad Popular socavaron las posibilidades de hacer los cambios que buscaban. Las diferencias entre los partidarios del gobierno, las luchas de poder y los debates sobre la vía armada o pacífica se sumaron a los rumores, la inseguridad, y las presiones de Estados Unidos y la oposición para forzar a la izquierda a claudicar.

 

-Aquí en el barrio alto la gente realmente se creía las campañas del terror que se hicieron. Decían que iban a bajar las poblaciones una noche con luces a saquear las casas y después del 11 de septiembre se felicitaban por haberse salvado de una muerte que imaginaban segura- recuerda.

 

Tras el regreso al trabajo el miedo campeaba en el país para quienes habían apoyado durante esos mil días al gobierno de la Unidad Popular. En la Facultad de Medicina decenas de personas fueron despedidas incluyendo familias completas que fueron obligados a trabajar por cuenta propia o a buscar trabajo en cualquier parte para poder salir adelante junto a sus familias. Edmundo, esposo de la Dra. De la Fuente, fue detenido y estuvo veinte días recluido en el Estadio Nacional, donde fue testigo de las torturas y los abusos a los que eran sometidos los opositores a la dictadura militar.

 

Mas eso no impidió que De la Fuente continuara con su militancia, a pesar de la difícil situación. En diciembre de ese año y viviendo a una cuadra del dictador Augusto Pinochet –quien ocupaba la residencia de los comandantes en Jefe del Ejército- organizó una reunión de su célula de médicos comunistas. Vestidas de traje largo las mujeres y de traje y corbatín los hombres, los miembros del PC se allegaron a su casa en el barrio alto de Santiago para analizar la contingencia.

 

Transcurridos los 17 años de la dictadura y tras el retorno a la democracia la Universidad de Chile ya no era la misma; numerosas eran las cicatrices que recorrían a la Casa de Bello. Sin sus sedes regionales ni el Pedagógico, con cientos de funcionarios, académicos y estudiantes exonerados o desaparecidos, el relato de la quema de libros en Medicina era una historia que se contaba entre iniciados. No hubo acto de reparación.

 

Recién el año 2000 los estudiantes le darían vida a un proyecto que, de una u otra manera, ayudaría a sanar esa herida. En ese momento los jóvenes pidieron un espacio para la lectura y la cultura y le llamaron “Rincón Cultural”, que logró reunir 600 libros de diversas temáticas.

 

Según recuerda el profesor José Navarro, hoy director del espacio, el 2008 decidió donar parte de su biblioteca personal aprovechando este lugar, e hizo un proyecto que presentó a las autoridades para transformar este lugar en el nuevo “Rincón Cultural Gabriela Mistral”, que hoy cuenta con 5 mil libros, donados por diversos académicos y estudiantes.

 

“Es un espacio en donde el 95 por ciento de los préstamos se realiza a los estudiantes, un 4 a los funcionarios y sólo un 1 a los académicos, ya que ellos tienen su biblioteca personal” asegura Navarro, quien destacó que cuentan con el apoyo de la Biblioteca Central de la Facultad para la mantención de todo el material.

 

Entre las donaciones importantes resalta la biblioteca personal del doctor Carlos Lorca, ex dirigente del Partido Socialista y uno de los dos parlamentarios detenidos desaparecidos durante la dictadura. Entre las obras incluidas estaba un ejemplar del libro “Arte de pájaros” de Pablo Neruda del año 1966, de los que sólo se editaron 214 ejemplares.

 

“En esta biblioteca no existen restricciones para la lectura y se puede donar cualquier libro del tema que uno quiera. Es una gran experiencia y siempre he tratado de aportar con mis libros” afirma la Dra. De la Fuente. La vida que tiene el Rincón Gabriela Mistral, con actividades con estudiantes seminarios y talleres, es para esta antigua estudiante y académica de la Universidad una justa y cotidiana reparación por la quema de libros.

 

*Publicado en El Paracaídas #11

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