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CARLOS RUIZ: “ES IMPORTANTE QUE HAYA UN PROYECTO QUE EXPRESE LA CONVICCIÓN DE LA MAYORÍA DE NOSOTROS”

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Llegó al cargo en agosto entusiasmado por ser partícipe de una entidad con participación triestamental. “Me llama la atención ver la seriedad con que toman esta institución los senadores estudiantiles, funcionarios”, asegura, convencido de que los procesos políticos internos de la Universidad van a la par de la construcción democrática nacional.

 

Por Ximena Póo

Foto: Alejandra Fuenzalida

 

Carlos Ruiz Schneider pasa la mayor parte de sus días entre la Casa Central de la Universidad de Chile y el Campus Juan Gómez Millas. Desde que asumió la vicepresidencia del Senado Universitario (SU), en agosto de este año, su agenda se resiste -pese a las arduas jornadas- a dejar de lado una reflexión permanente sobre la Universidad, las reformas, el sentido profundo de lo público vinculado a las tramas estatales; a dejar de pensar en un país que aún está al debe con una democracia participativa y con la construcción de una República que se haga cargo de una tradición rota por el golpe de Estado de 1973.

 

La agenda de Ruiz Schneider está marcada por la convicción de que es necesario, para el caso de la Universidad de Chile, pensar en nuevas matrices que permitan hacer converger diversas miradas pero bajo un horizonte de sentido que sea capaz de observar procesos democratizadores que al mismo tiempo promuevan una institucionalización fortalecida. Para él, la opción es clara: “Una comunidad puede coexistir de una manera muy autoritaria, en que se gestione tecnocráticamente o bien puede ser una comunidad participativa en que se acuerden decisiones en la labor común de ir construyendo universidad”.

 

Es así como, citando al Rector Ennio Vivaldi, se hacer urgente reflexionar sobre “qué es la universidad más allá de un archipiélago de saberes”. Porque, sostiene, “junto con instituciones o facultades que tienen más peso en la Universidad de Chile, también se da el hecho de que hay epistemes dominantes. Como Universidad tenemos que ser capaces de tener una visión política de las epistemes que nos dominan, en este caso, una muy marcada por las ciencias y la tecnología. Entonces eso deja muy poco espacio para otros tipos de indagación, como la filosofía y las artes. Eso tenemos que cambiarlo y ser capaces de reflexionar qué nos está pasando con esta universidad científico-técnica, cuestionar eso y mostrar sus límites”.

 

Imposible no pensar, dice, en los cambios de matrices de desarrollo que la Universidad de Chile ha experimentado: “Pasamos de rectores humanistas, como Juan Gómez Millas o Eugenio González, a rectores de otro tipo y eso enmarca lo que parece posible y lo que no. Por eso estamos al debe de una reflexión más profunda e interna sobre nuestros saberes y sobre la interdisciplinariedad. Y eso debe proyectarse a la sociedad”.

 

PENSAR LA REPÚBLICA DESDE LA TENSIÓN

 

Carlos Ruiz Schneider es licenciado en Filosofía por la Universidad de Chile y completó su Habilitación para la dirección de Investigaciones en la Universidad de París 8 en 1996. Actualmente es profesor titular de la Universidad de Chile y dirige el Departamento de Filosofía, en la Facultad de Filosofía y Humanidades. Es, además, académico de la Facultad de Derecho y ha sido director de Programa del Colegio Internacional de Filosofía, Francia, y profesor visitante en la Universidad de York, en Toronto, Canadá, en la Universidad Nacional de San Juan, en Argentina y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras.

 

En 1993 obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago por su obra El pensamiento conservador en Chile (Santiago, Editorial Universitaria, 1993), escrito en colaboración con el profesor Renato Cristi. El 2014 obtuvo el premio Juvenal Hernández por su libro Construcción de Identidad, creación de sentido (Santiago, Editorial Universitaria, 2014) escrito en colaboración con el profesor Marcos García de la Huerta. En los últimos años ha publicado también libros como De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile (Santiago, LOM, 2010), Andrés Bello. Filosofía pública y política de la letra, libro editado con el profesor Carlos Ossandón (Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2013) y República, liberalismo y democracia, libro editado con el profesor Marcos García de la Huerta (Santiago, LOM, 2011).

 

Así es como su obra se articula desde la filosofía política y desde ahí observa que Chile requiere de “una tarea muy compleja, pero es en la que tenemos que emplearnos y que es la de construir un Estado democrático que debe incorporar eso que no estaba en el Estado hasta el ‘73 y que es el aspecto más participativo. Tenemos que construir instituciones más participativas y eso tiene que hacerse a partir de una cierta institucionalidad. No podemos hacerlo solamente desde las presiones más inmediatas de los movimientos”. Y por eso considera “nos debemos una Constitución, un proyecto de verdad” a través de un proceso participativo amplio como una Asamblea Constituyente.

 

Existiría, por ejemplo y para el caso de la reforma a la educación, “una tensión en la Nueva Mayoría entre un cierto proyecto de recorger estas demandas y por otra parte esta lógica de la nueva gestión pública que sigue presente en la ley de carrera docente, en toda visión hacia el futuro que en el fondo confunde lo público con lo privado, por ejemplo. Yo diría que este gobierno está tensionado por un ala más tecnocrática  y que está muy comprometida por un ideal de gestión y, por otra parte, muestra una cierta sensibilidad para escuchar a los movimientos sociales.  No obstante, no se ve que haya tenido mucho éxito en buscar algún punto de convergencia o consenso. Hay medidas que responden a una u otra lógica”. Y en ese contexto plantea que “el Congreso actual está muy minado por todas estas denuncias que introdcen al máximo esta confusión entre lo privado y lo púbico financiado por los privados”.

 

Para él “es necesario volver a instalar al Estado en el eje central de las reformas.; un Estado responsable que debe vincularse con el ethos público y republicano de la educación superior, que aún queda” y, por tanto, con la ética que hay detrás de la forma de concebir una estructura social basada en derechos garantizados.

 

CAMBIOS HISTÓRICOS EN LA U

 

Carlos Ruiz es hoy vicepresidente del Senado Universitario porque desde un principio le pareció atractivo “ver cómo funcionaba una institución con representación académica, estudiantil y de funcionarios; una institución más democrático-participativa. Y en realidad tengo una muy buena impresión de cómo se ha instituido esta relación entre estamentos diferentes. Me llama la atención ver la seriedad con que toman esta institución los senadores estudiantiles, funcionarios”.

 

El desafío es llegar a un referendum que permita aprobar una Reforma de Estatutos que no ha estado exenta de tensiones provenientes de quienes no confían en este proceso, que por un lado refuerza la institucinalidad y, por otro, fomenta la participación triestamental. “Algunos piensan que el Senado no debiera tener estas atribuciones”, reconoce, y por lo mismo son rigurosos a la hora de ser protagonistas del proceso para sacarlo adelante para lo que piden más apoyo para poder instalar una comisión técnico-consultiva que permita además emprender tareas para acabar con desigualdades estructurales, a través de cambios en el reglamento de remuneraciones, entre otros.

 

“Se trata de proyectos que enfrentan visiones muy diferentes de la Universidad y tienen que ver por qué se está cuestionando el Senado. Es un momento bien importante para la Universidad y para su Senado Universitario, un espacio donde al final es importante que haya un proyecto que exprese la convicción de la mayoría de nosotros”, enfatiza Ruiz.

 

El senador es optimista frente al actual momento histórico, donde como Universidad de Chile es necesario “mantener estos rasgos de institución cultural, buscando un vínculo entre la investigación y creación del más alto nivel y la sociedad. Así podríamos hacer coincidir esa universidad Humboldtiana con una universidad que se vincula con lo público y con la sociedad de manera que no seamos torres de marfil aisladas de la sociedad”.

 

*Publicado en El Paracaídas #11

 

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