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LA CHILE RETOMA EL LEGADO HISTÓRICO POR LA EDUCACIÓN PÚBLICA

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 A 35 años de perder el Instituto Pedagógico, la U. concentra sus esfuerzos  a partir de una nueva institucionalidad donde convergerán las diferentes iniciativas y unidades dedicadas, desde sus diferentes disciplinas y miradas, a la educación.

 

Por: Francisca Palma A.

Fotos: Felipe PoGa y Alejandra Fuenzalida

 

Lunes 9 de marzo de 2015. Yamilet Cisternas tomó el bus a las 6:10 de la mañana desde Rancagua para dirigirse a Santiago para asistir a su primer día de clases en  la carrera de Pedagogía en Educación Parvularia de la Universidad de Chile. Ese mismo día en el que Yamilet se levantó a las 5 de la madrugada para poder llegar a la universidad para encontrarse con sus nuevas compañeras y conocer las salas de la Facultad de Ciencias Sociales y el Campus Juan Gómez Millas, la U. hizo historia e inició un año académico especial: la U. de Chile volvía a formar profesores en todos los niveles del sistema educativo. El 28 de agosto de 2014, con la aprobación del Senado Universitario de esta carrera y la de Pedagogía en Educación Básica, la Universidad cumplió un compromiso.

Pero no sólo eso. Quince meses más tarde, la Casa de Bello comunicó al país la creación del Programa Transversal de Educación (PTE), una plataforma de convergencia de las distintas facultades y centros dedicados a la investigación y formación pedagógica: las facultades de Ciencias, Filosofía y Humanidades –y su Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP)-, y de Ciencias Sociales, y el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE).

A través de un consejo, integrado por los decanos de dichas facultades y el director del CIAE, el PTE generará un plan de desarrollo estratégico para encausar y direccionar los esfuerzos de las unidades involucradas; dispondrá iniciativas que faciliten la colaboración entre los integrantes del PTE y otros proyectos en educación de otras facultades; convocará a académicos para integrarse a trabajar en materias específicas y asesorará al Rector en temas de educación. Todo, en miras de fortalecer la formación inicial y continua de profesores y de generar conocimientos para la recuperación de lo público y específicamente, de la educación pública. Para el Rector Ennio Vivaldi, es importante destacar “el notable esfuerzo que la Universidad hizo en las últimas décadas, entre otros reflejado en la creación del Departamento de Estudios Pedagógicos, para, contra viento y marea, insistir en una tarea fundamental que le había sido arrebatada: la formación de profesores.  Este programa une a la comunidad de nuestra universidad y la proyecta al país en aquella área en que este más críticamente la necesita hoy día”.

Con el PTE, destaca la decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades María Eugenia Góngora, “vamos a partir de lo que tenemos, de nuestras capacidades instaladas”, que, en el caso de su Facultad, devienen del trabajo del DEP, de su Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) y de la creación de las carreras de Pedagogía en Educación Básica, en Educación Media con mención en Matemáticas y Física en el año 2005 y con mención Biología y Química el año 2015, estas dos últimas en conjunto a la Facultad de Ciencias.

Para Víctor Cifuentes, decano de esta última unidad académica, “el hecho que las facultades contribuyan con sus competencias en la formación profesores en conjunto con otras, con competencias en la educación, hace que la Universidad de Chile sea innovadora en esta materia”.

Pero no sólo eso. Como agrega el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Roberto Aceituno, unidad que imparte la carrera de Pedagogía en Educación Parvularia, además de articular las experiencias en el ámbito de la investigación y de la formación, el PTE “posee un objetivo implícito que tiene que ver con que gracias a ese conjunto experiencias se pueda entender la educación como un ámbito complejo y no solamente desde una perspectiva”.

Es así como la educación será vista por la Universidad de Chile desde las humanidades, la ciencia y las ciencias sociales, entre otras disciplinas, contemplando las diferentes perspectivas sobre el quehacer, formación e investigación educativa, integrando además los proyectos vinculados a educación de otras unidades que han comenzado a trabajar en esta materia, como son la salud y la comunicación.

“La Universidad de Chile es rica en saberes, capacidades y motivación por la búsqueda de respuestas. Cuando éstas no se limitan a un solo ámbito disciplinar sino que abarcan diversas miradas y modelos, las posibilidades de generar ideas y soluciones relevantes se multiplican y potencian”, destaca sobre este punto la Vicerrectora de Asuntos Académicos, Rosa Devés, en sintonía con Alejandra Mizala, directora académica del CIAE, para quien esta “diversidad de miradas fortalece el aporte de la Universidad al país”.

Pero ese aporte, que históricamente hizo la Universidad,fue mermado con la pérdida del Instituto Pedagógico el año 1981, cuando la U. dejó de administrar los predios de José Pedro Alessandri con Eduardo Castillo Velasco, espacio donde se forjó gran parte del pensamiento pedagógico y las perspectivas educativas del país.

“Yo creo que en una mirada histórica, se podría afirmar que la separación del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile no es una acción separable de lo que fue un propósito mucho más amplio de debilitar la educación pública en el país”, explica el director del DEP, Ernesto Águila, sobre el duro proceso que significó para la U. y para el país esta pérdida, representada en el deterioro del rol del Estado en la educación, evidenciada en que en 1990, tras el retorno a la democracia, el gasto público en educación llegó al 28 por ciento de lo que había sido en el año 1972.

Sobre este punto, Iván Núñez, Premio Nacional de Educación 2015, recuerda lo que fue la Universidad de Chile para el sistema educacional hasta 1981: “Era un foco, la columna vertebral, no sólo en el sentido que producía profesores para la educación secundaria, sino que producía también otros especialistas que requería el sistema educacional, como orientadores, y al mismo tiempo hacía investigación”.

Trece años después, la  U. pudo reconfigurar los esfuerzos en esta línea tras el quiebre del “Peda”, a partir de uno de los primeros movimientos coordinados en favor de la recuperación de su rol en este ámbito: la creación en 1994 del Programa de Investigación en Estudios Pedagógicos (PIEEP). Dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades, esta unidad dio origen al grado académico de Licenciatura en Educación Media y el título de Profesor de Educación Media en disciplinas científico- humanistas y se convirtió el año 2000 en el Centro de Estudios Pedagógicos, adquiriendo en 2007 el grado de Departamento. La Universidad de Chile retomaba su rol histórico en el mundo educativo.

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LA EDUCACIÓN PÚBLICA COMO OBJETIVO

“La Universidad de Chile tiene que estar en el centro de las propuestas, de la solución a los grandes problemas del país y de la reconstrucción de la república. En ese sentido, el PTE debiera ser el interlocutor principal y claramente definido de la Universidad frente al Estado”, enfatiza Ernesto Águila respecto del rol que debe tener esta nueva institucionalidad de la U.

Como explica Alejandra Mizala, “los países necesitan una voz académica independiente, que difunda el conocimiento y que dé respuestas técnicas, veraces, e independiente de grupos de interés, a preguntas complejas”, en miras a “contribuir al logro de una  educación inclusiva, de alta calidad y distribuida equitativamente entre la población del país, para aumentar la igualdad de oportunidades, y al mismo tiempo, potenciar el desarrollo económico”.

La creación del PTE coincide además con un momento trascendental para el país: cómo Chile definirá legislativamente los ejes fundamentales de su sistema educativo. Y es justamente en este contexto, en la tarea de recuperar la educación pública “que evidentemente la Universidad tiene que jugar un rol central, atendiendo no sólo a su misión histórica, sino que también a sus propias capacidades, sus fortalezas y su proyecto de desarrollo para colaborar en esa tarea nacional”,  dice Iván Páez, director del PEC.

Es por eso que en medio de este debate, “la Universidad como conjunto y desde luego desde el PTE tendrá que levantar su voz una y otra vez para que se tenga en cuenta cuál es el papel especial que tiene la Universidad de Chile como universidad del Estado de Chile”, agrega la decana Góngora.

Así, el PTE contempla, entre sus líneas estratégicas, fortalecer y crear ciertas líneas de trabajo vinculadas a la reforma y al mejoramiento de la calidad de la educación, como es la apertura nuevas pedagogías en enseñanza media, ampliar la oferta de programas de magíster en educación, crear un doctorado en la materia, constituir el Programa de Formación de Mentores de la Universidad de Chile, diseñar el Plan Nacional de formación a encargados públicos de convivencia escolar, un mayor apoyo a la Red de Investigadores en Educación del Campus JGM y el avance del PEC hacia un Centro de Educación Continua para el Magisterio, entre otras. Además,  una misión clave será trabajar en red con las universidades estatales que imparten pedagogía.

Como aclara Teresa Flores, de la Red de Investigadores, si bien uno de los objetivos principales de la Universidad debe ser aportar a las políticas públicas en educación, y en especial para la educación pública, la responsabilidad parte también “por instalar otros discursos investigativos en relación con la educación que vayan más allá de esta investigación que tiende a predominar en el discurso público, muy ligada y funcional a la política educativa, o muy ligada también al tema de perspectivas de efectividad escolar o rendición de cuentas o que tienden a simplificar la realidad educativa”.  

Para el decano Aceituno, la Universidad puede en este contexto “hacer las dos cosas: tener una posición crítica por una parte, y por otra promover el fortalecimiento de las instituciones del Estado en lo que se refiere al ámbito educativo”, teniendo como norte la transformación del actual modelo, desde una posición de autonomía y con un planteamiento constructivo pero crítico.

Es así como “esta reforma al conjunto de la educación requiere particularmente que la Universidad de Chile, por el lugar que ella tiene, se equipe mejor para colaborar, para participar en las demandas que van a generar en la práctica las reformas que empiecen a aplicarse”,  destaca Iván Núñez.

Para Rosa Devés, a pesar del reto que propone la creación del PTE, la Universidad tiene la “capacidad para abordar exitosamente este desafío, que es posiblemente lo más noble que se puede hacer por un país. Ahora  debemos  trabajar sistémica y articuladamente por esta transformación”.

“Si el PTE no es sólo un desarrollo vegetativo de las capacidades que tienen los departamentos y las facultades”, finaliza Águila, “debiera existir un plan especial que permitiera que en cinco años nosotros tuviéramos el conjunto de todas las carreras pedagógicas”, entre ellas en educación física y en educación intercultural. Queda el desafío entonces que para el 2020, cuando Yamilet terminé su carrera de Pedagogía en Educación Parvularia, la Chile haya cumplido este lineamiento, para que “empiece a impactar tanto cuantitativamente como ya lo está haciendo cualitativamente en la formación de profesores”.

 

*Publicado en El Paracaídas #13

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