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EL CAMINO DE CAMILA ROJAS

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El 4 de diciembre asumió la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Debutó en medio de una álgida discusión sobre la gratuidad en la educación superior y la espera un año de reforma, decisivo para el movimiento estudiantil. Administradora pública y militante de Izquierda Autónoma, Camila Rojas sabe que ahora es cuando hay que lanzar la ofensiva y salir a ganar.

Por Francisca Siebert

Fotos: Alejandra Fuenzalida

 

A Camila Rojas, recién asumida presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh, le gusta mucho la tranquilidad de San Antonio.

-Pienso volver. No altiro, me imagino estando en muchos otros lados antes, pero a echar raíces, sí- reconoce riendo.

Cuando llegó a Santiago, el 2009, tenía 18 años. Acababa de salir del colegio y en la ciudad conocía a una sola persona: la amiga de una amiga, donde vivió ese primer año. Viajando entre Maipú y el Instituto de Asuntos Públicos (INAP) en Santiago, intentando postular sin éxito al hogar universitario, participando informalmente de algunas asambleas y batallando un poco con los ramos. “Cuando llegué me costó afirmarme académicamente”, cuenta la administradora pública y hoy estudiante del Magister en Ciencias Políticas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

De la capital tenía recuerdos de haber venido cuando chica para acompañar a su mamá a comprar telas. “Mi mamá cose, hace ropa, por eso venía. Me acuerdo que era muy caluroso Santiago y que dejé de venir cuando empezaron a cobrarme pasaje en el bus”, dice.

El papá de Camila trabaja en la construcción. Ella es la menor de tres hermanos, nacida y criada en San Antonio,  estudió en un colegio particular subvencionado y vivió la revolución pingüina en el puerto. “Tenía 15 años, participé, pero allá era mucho menos que acá en Santiago. Igual mi colegio estuvo en toma, pero nuestro petitorio era que limpiaran los baños, que no se lloviera el colegio, cosas muy domésticas, y que se acabara la LOCE”.

Además del centro de alumnos, participó del coro, la orquesta, la banda, el equipo de ping-pong y pastoral. Recorrido diverso que mira hoy más que nada como una necesidad de organizarse.  Y aunque la militancia no tuvo en esa época, sí nació en el puerto su relación con la izquierda.

-En San Antonio conocía a harta gente del Partido Comunista y del Partido Socialista, pero no me gustaba ninguno de los dos. Lo que sí sabía es que quería ser de izquierda, aunque mi familia no era de izquierda. Ellos generalmente votan por la derecha. Yo creo que a mí me determinó la influencia de los profes en el colegio, que eran todos medios comunistas- explica.

2011 fue el año en que las cosas dieron un giro. En pleno gobierno de Sebastián Piñera, las movilizaciones estudiantiles iban en alza y ahí “empecé  ir a los plenos, a cachar cómo funcionaban, la huea estaba muy prendida. Me gustaba harto el Pancho Figueroa, que era el vicepresidente de la FECh, era algo muy de guata. Una vez hablé con él y me mandó información, de ahí empecé a militar en la Izquierda Autónoma. Y ahí sí que me metí de lleno”.

A fines de ese año fue la primera vez que Camila postuló a un cargo. Ganó y se convirtió en Consejera FECh con la primera mayoría. Luego en Delegada del Centro de Estudiantes del INAP, Senadora Universitaria y el 11 de noviembre pasado, en la quinta mujer en ser electa presidenta de la FECh, la tercera autonomista y la primera estudiante del INAP en llegar a este cargo. “Me hicieron un homenaje en la escuela. Me regalaron como un galvano que dice ‘por su gran logro, ser la primera presidenta de la FECh’. Hay una responsabilidad enorme ahí”, dice, y se pone muy seria.

SALIR A GANAR

22 de diciembre. Quedan dos días para Navidad y mientras en el Congreso se vota la ley corta que permitirá dar inicio a la gratuidad en 2016, la nueva presidenta de la FECh lidera la primera movilización de su mandato. Hay molestia entre los estudiantes por el rumbo que ha tomado el inicio legislativo de la reforma. Camila Rojas habla ante una docena de periodistas apostados en la Facultad de Artes:

“Les agradecemos que hayan venido a esta conferencia de prensa antes de la movilización. Nos interesa poder comentar respecto a la situación que a esta hora está ocurriendo en educación, principalmente una discusión que se ha enfocado en el tema presupuestario”. Rojas se sabe el discurso, vuelve enfática sobre algunas ideas, repite, responde, no titubea frente a las cámaras.

Camila Rojas sabe que no llegó a la FECh en el momento más alto de las movilizaciones. “Hay desgaste, son muchos años de movilización. Y cuando no ganas nada eso se hace más aún evidente. Pero yo creo que todavía hay ganas de que se logre algo”.

Tiene fe. Insiste en que “igual se sigue sacando mucha gente a las calles, el malestar está ahí, nadie está contento con la reforma y eso es lo que hay que aprovechar, pero yo no vengo con la fórmula mágica. Sí sé que llevamos mucho tiempo en resistencia, creo que la apuesta ahora es tomar la ofensiva, es ganar”.

Y eso para la nueva presidenta de la FECh es básicamente salir de este proceso logrando el fortalecimiento de la educación pública: “Si existieran aportes basales para las instituciones y existiera un aumento en el tiempo de la matrícula de las universidades públicas, estaría cambiando el sentido de la educación. O si dejara de existir el Aporte Fiscal Indirecto o se condonar la deuda de toda la gente que ha estado con créditos, eso también es ganar”, advierte.

LA CHILE, UN MUNDO CUICO

Iba en primero o segundo medio cuando se puso a revisar folletería sobre la oferta académica de la U. de Chile.  “Era una de esas hojas gigantes donde están todas las carreras, y Administración Pública era la única que tenía un color diferente. La vi por eso primero, leí el perfil y sentí que encajaba con lo que yo quería hacer para la vida. La Chile era obviamente mi opción favorita.”

Estudió con beca y siempre trabajó para pagarse la matrícula. “Tenía la Bicentenario y la Equidad de La Chile, además de beca de alimentación y mantención. No tengo nada que pagar”, dice. En el INAP vivió un mundo parecido al suyo porque casi todos sus compañeros estudiaban con beca o crédito. No le pasó lo mismo con el resto de la Universidad. “La Chile es muy cuica, las tasas de elitización son muy altas. En el colectivo no lo caché altiro, era como ‘ah, la universidad es cuica, la gente de los colectivos es cuica’. No fue algo que pensé más”.

Y ahí está, a la cabeza de este mundo cuico, liderando la federación de estudiantes más antigua e importante del país. La espera un año en que no sólo el escenario del país se viene complejo. Con la FECh sorteando uno de sus períodos de más baja participación en la historia, y en medio de una evidente dispersión de los estudiantes, que se reveló en las ocho listas de izquierda y una derecha presentadas a las elecciones de este año, el panorama interno no parece fácil.

“A nivel de la FECh como organización hay que aumentar la participación y cambiar el estatuto, son cosas que van de la mano. Es una cuestión que hay que sentarse a pensar y que toma tiempo, y no tenemos todo el tiempo del mundo para ponernos a repensar la organización. Pero sí es necesario hacerlo”, afirma.

Las aguas tampoco parecen calmas en otros ámbitos de la Universidad. El debate por la reforma de estatutos ha abierto un territorio de encendidos encuentros y la presidenta de la FECh, quien ha vivido este proceso desde el Senado, ha sentido con fuerza el embate de una fracción de la Universidad no dispuesta al cambio.

“La discusión de los estatutos ha estado centrada sólo en la triestamentalidad, si hay cogobierno universitario o no, pero la reforma de estatutos es más que eso. Creo que hay una resistencia al cambio. Y en verdad, creo que un cogobierno no cambiaría tanto la Universidad. Cuando hubo triestamentalidad salió Boeninger en la Chile, o sea, tampoco es que haya salido un gran revolucionario. Pero hay académicos que lo ponen en términos de que se va a destruir la Universidad. Los sectores más reaccionarios apuntan a eso. Ellos tienen todo el poder y yo creo que lo han hecho bien, se han jugado bien sus cartuchos”, señala y asegura que es momento de que los estudiantes zanjen una postura al respecto y ganen terreno en esta discusión.

En pleno Paseo Ahumada, tras un enorme lienzo y acompañada de sus pares de la Confech, Camila Rojas avanza abriéndose paso entre la prensa y cientos transeúntes que se detienen a mirar. Tras ella, miles de estudiantes. Entonces marcha, grita, se detiene ante las cámaras y vuelve a avanzar. Se pierde en el tumulto. Hace mucho calor en Santiago. Si tiene suerte, mañana viaja a San Antonio a pasar la Navidad con su familia.

 

*Publicado en El Paracaídas #13

 

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