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DANTE CONTRERAS: “LA PLATA EN TORNO A LA EDUCACIÓN ES UN BOTÍN”

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Participó en el diseño del programa de gobierno de Michelle Bachelet en temas de desigualdad y educación, que han sido sus áreas de investigación en la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile. Desde esa posición, critica a los actores que participaron en la discusión sobre la reforma educacional y explica por qué la inequidad en nuestro país es un problema social de primer orden.

 

Por Cristian Cabalin

Fotos: Alejandra Fuenzalida/ Gentileza Dante Contreras

 

2011 fue un año convulsionado. Miles de estudiantes marcharon durante siete meses por las principales avenidas de Chile. Convirtieron sus demandas en un gran movimiento social por la educación. Poco tiempo después, las comunidades de Freirina y Aysén también se movilizaron para exigir derechos y cuestionar la desigualdad que produce el modelo neoliberal. A esas expresiones de descontento se sumaron diversas localidades del país. Este contexto de alta agitación social, llevó a un grupo de investigadores de las universidades de Chile, Católica, Diego Portales y Adolfo Ibáñez a crear el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), que intenta de una manera multidisciplinaria comprender los actuales conflictos sociales.

 

Bajo el alero de la Universidad de Chile, el COES desarrolla investigaciones que abordan las dimensiones socioeconómicas, sociológicas, políticas y territoriales que afectan la cohesión social. Su director es el doctor en Economía de la Universidad de California, Dante Contreras, quien es también profesor titular de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de nuestra Universidad. Contreras se ha especializado en temas de desigualdad y educación. De hecho, participó activamente en el diseño del programa de gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, que incluyó la reforma al sistema escolar ahora en marcha.

 

Para Contreras, el factor clave que explica gran parte de los conflictos sociales en Chile es “la situación de elevada desigualdad y baja movilidad social. Estos dos elementos actúan en conjunto para generar una tensión permanente que puede producir el estancamiento del país. Esta combinación entre excesiva desigualdad y escasa movilidad puede frenar nuestras posibilidades de desarrollo. Es una mezcla poco virtuosa, muy dañina. Para mí, es un tema de primer orden, es un problema grave”, dice.

 

Sin embargo, para algunos economistas la desigualdad ha bajado en las últimas décadas ¿Es cierto aquello?

– Todos los estudios que se hacen con datos de encuestas de ingresos están sesgados. Cuando analizas la encuesta CASEN, efectivamente hay una caída en la desigualdad, pero se omite que los sectores de altos ingresos no responden esa encuesta. Entonces, hay una sub-representación de la gente más rica y de sus ingresos. Cada vez es más difícil obtener información de las comunas ricas.

 

O sea, realmente no se conocen los datos de la élite…

– Los ingresos de capital son los menos reportados, pero si vemos datos del Servicio de Impuestos Internos (SII) se constata que la concentración de la riqueza del 1 por ciento de la población es una de las más altas del mundo. Entonces, uno podría estimar que la desigualdad no está disminuyendo, sino que incluso podría estar aumentando. Sin embargo, no se trata solo de desigualdad, es también un tema de escasa movilidad social. Esta mezcla de excesiva desigualdad y poca movilidad gatillará una situación de extrema complejidad a mediano y largo plazo. Una variable para modificar este esquema es la educación, pero tampoco está haciendo su trabajo. Por lo mismo, me preocupa toda la discusión sobre la reforma educacional, pues ha sido pequeña, sin perspectiva. Con ello, estamos minando la posibilidad de resolver este círculo vicioso y transformarlo en uno virtuoso.

 

¿Por qué ha sido una discusión pequeña?

– Porque los actores políticos -donde incluyo a los rectores, Iglesia, Confech, sostenedores, profesores- han intervenido desde su trinchera y no han visto el equilibrio general. Se ha desarrollado una discusión de corto alcance. Por ejemplo, vimos a la Iglesia Católica defender la selección en sus colegios, sin entender que la selección produce discriminación entre muchos niños. También hemos visto al sostenedor cuidando sus bolsillos.

 

¿Un debate miope?

-Absolutamente. Hemos visto ex ministras y ministros de Educación dando cátedra de cómo hacer las cosas sin haber ellos hecho antes los cambios relevantes. Ni siquiera los soñaron en su tiempo.

 

Participaste en la redacción del programa de gobierno de la presidenta Bachelet. ¿Cómo evalúas en general el despliegue de la reforma en educación?

– Como conjunto, la reforma está diseñada en la dirección correcta. Hoy, la reforma escolar está completa: fin al lucro, a la selección y al copago, carrera docente y desmunicipalización. Para mí, se conforma un diseño educacional distinto al que teníamos. Probablemente, era mejor presentar todos los proyectos de forma simultánea, pero eso implicaba un trabajo ejecutivo y legislativo distinto a la capacidad que teníamos.

 

Si la preocupación por la educación es compartida por los actores sociales ¿Por qué hay tanta resistencia a esos cambios que mencionas, como por ejemplo, el fin de la selección en los colegios?

– Porque es un botín.

 

¿La educación es un botín?

La plata en torno a la educación es un botín. Por eso, cada actor defendió su feudo y eso termina siendo muy frustrante. No entienden que si no mejoras la educación el problema será muy complicado, porque la desigualdad y la movilidad social van a seguir como están y eso va a generar tensión, frustración y, como consecuencia, violencia.

 

¿Cómo se entiende la relación entre la educación y esa mezcla de elevada desigualdad y escasa movilidad?

– Hoy muchos niños entran a un sistema educativo de baja calidad que no les garantiza igualdad de oportunidades. Chile es tan desigual, que si tú estás en el 10 por ciento más rico de la población, puedes comprar -sí, comprar con todas sus letras- una educación que les permita a tus hijos partir ganando el partido. Si no tienes un sistema de políticas públicas que compense esa diferencia de cuna, siempre vas a tener problemas de movilidad social. Por eso, necesitas invertir en educación. La educación es virtuosa en muchas métricas: permite una sociedad más equitativa, pero también más productiva.

 

¿La educación estimula el desarrollo del país?

– Cualquier economista extranjero dice que Chile no es desarrollado por el bajo nivel del capital humano y por la energía. Es un diagnóstico muy claro. El costo energético en Chile es muy alto y eso eleva el costo de producción. Y, por otra parte, hay pocos trabajadores calificados. Esas variables no permiten que Chile dé un salto.

 

Y los que tienen una alta calificación concentran los ingresos…

– Exacto. Yo gano mucha plata y voy a seguir ganando si no hay nadie que me desafíe.

 

Para muchos egresados de la educación superior, su carrera no termina siendo rentable…

– En algunas universidades e institutos es extremadamente rentable. Si alguien entra a estudiar Economía en la Universidad de Chile, va a estar en el 10 por ciento más rico de la población.

 

Pero para otros no es así…

– No, porque el sistema de educación superior es muy heterogéneo. Hay instituciones de buena calidad, pero también hay de muy mala calidad. Muchas universidades privadas no deberían existir, pues sólo están generando estudiantes de bajo rendimiento y bajo capital.

 

Tampoco encuentran trabajo en lo que estudiaron…

– Varias universidades hacen una promesa de movilidad que después no se cumple. Lo que pasó en la Universidad del Mar es vergonzoso. Chile no debería tener la cantidad de universidades que tiene. Hay que cerrar muchas que no están a la altura.

 

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LA PROMESA INCUMPLIDA

 

¿Entonces esta promesa asociada a la educación y a la meritocracia no es una realidad en Chile? Tú tienes un origen socioeconómico bajo y hoy eres profesor de la Universidad de Chile con un doctorado en Estados Unidos.

– Tú no puedes creer en la meritocracia en base a anécdotas.

 

¿Una trayectoria educacional como la tuya es anecdótica en Chile?

– Absolutamente. Siempre hay casos puntuales. Hay gente que tiene más suerte que otra y pasan cosas en sus trayectorias de vida que les permiten ir mejorando sus posiciones. Pero eso no es sistemático. En Chile, si alguien nace en el 10 por ciento más rico tiene un 60 por ciento de probabilidades de que su hijo también va a estar en el 10 por ciento más rico. Eso es sólo herencia: te pagaron un buen colegio, te pagaron una buena casa y te armaron redes que te permiten continuar en esa posición de privilegio. En Dinamarca, en cambio, ese porcentaje es del 20 por ciento. Eso significa que tu trayectoria de vida depende mucho más de ti que de tu origen. La cuna importa mucho menos en Dinamarca.

 

¿Y esta desigualdad es visible para las personas?

– En el COES repetimos el año pasado una encuesta sobre percepciones de desigualdad (ver gráfico). En 1999, la gente más rica tenía una percepción de desigualdad consistente con los datos, pero la gente más pobre pensaba que la desigualdad era mucho menor. Diez años después, en 2009, la gente más rica tuvo una percepción correcta de las brechas de desigualdad y la gente más pobre subió un poquito la apreciación de la desigualdad. Sin embargo, en el año 2014, todo el mundo actualizó sus expectativas y hoy la desigualdad percibida es consistente con los datos reales sobre la desigualdad en Chile.

 

¿Entonces, después de los movimientos sociales hubo un cambio en la subjetividad de los chilenos?

– Los trabajadores antes pensaban que su jefe ganaba cinco veces más, cuando en realidad ganaba 50 veces más. Pero ahora la gente sí sabe que su jefe gana 50 veces más y se da cuenta de lo importante de esta brecha. Eso sí, las personas aún no actualizan su brecha de movilidad social. Cuando eso ocurra, vamos a tener una gran tormenta social.

 

¿Es posible medir esa percepción de movilidad?

– Se puede medir y en el COES estamos pensando en cómo hacerlo.

 

¿Y cómo midieron la percepción de desigualdad?

– Le preguntamos a las personas cuánto gana un gerente en relación a un obrero. Antes te decían, 10 ó 15 veces más. Los datos indican que esa diferencia hoy es de 48 veces y los trabajadores declaran percibirlo.

 

¿Cómo explicas este cambio en la subjetividad de los trabajadores?

– Quizás se relaciona con los movimientos sociales o con los medios de comunicación, que han explicado mejor estos temas. Ahora, la gente entiende las brechas salariales entre alguien de extrema riqueza y alguien de extrema pobreza.

 

¿Por qué no aumenta, entonces, la conflictividad social si hoy la desigualdad es más evidente para las personas?

– Porque la gente no ha ajustado la brecha de movilidad social. Las personas todavía creen que si sus hijos entran a una universidad van a tener un buen pasar. Esto en muchos casos es correcto, pero en otros no. En los años que vienen vamos a ver muchos casos de frustración, de gente que terminó una profesión con altos niveles de endeudamiento. Ese escenario es nefasto y ahí la gente va a empezar a actualizar los datos de movilidad social.

 

Si el 10 por ciento más rico puede asegurar en un 60 por ciento de probabilidades que su hijo mantendrá esa posición, ¿qué pasa con el 10 por ciento más pobre?

– Es simétrico. Tienen también un 60 por ciento de probabilidades de seguir siendo igual de pobres. Si tú tienes una trayectoria de bajo nivel de ingresos con mucha seguridad vas a perdurar en esa condición. Son brechas permanentes, estructurales.

 

Una de las promesas de la modernización es que los sujetos son dueños de su biografía, pero parece que en Chile ese fenómeno todavía no ocurre…

– Eso pasa sólo en algunos países de Europa. De hecho, la reforma educacional que estamos empujando es de un país europeo capitalista, pero muchos la han calificado con caricaturas que se alejan de la realidad.

 

Algunos analistas sostenían que el movimiento estudiantil de 2011 era un reclamo justamente contra esa promesa incumplida de la modernización, pero para otros intelectuales era expresión del fin del modelo. ¿Dónde te ubicas tú en ese análisis?

– Me tiendo a alinear más con esa mirada de la promesa incumplida, que es también responsabilidad de quienes diseñaron las políticas públicas en educación. ¿Por qué existió tanto tiempo la Universidad del Mar? ¿Por qué se descuidó la educación pública? Esas son preguntas que la elite en su conjunto debe responder.

 

¿Por qué lo público es tan relevante en educación?

– El Estado debe garantizar espacios de civilidad, inclusión y tolerancia. Eso es relevante; existe en todas partes del mundo y la reforma escolar destaca el rol público de la educación como un espacio republicano. Hay que apoyar una educación pública laica, inclusiva y de buena calidad, en todos sus niveles y que asegure opciones de movilidad social.

 

¿Qué rol le compete a la Universidad de Chile en este nuevo marco de la educación pública?

– La Universidad deber jugar un papel fundamental en varias dimensiones. La primera es participar activamente en proyectos de inclusión de estudiantes vulnerables. Tiene que proveerle recursos y apoyos para que su vida universitaria no sea tan difícil, ya que al provenir de sectores vulnerables tienen mayores dificultades. Además, la Universidad de Chile debe mantener su posición de liderazgo en investigación, para asegurar que los estudiantes que ingresen a esta universidad tengan un ambiente de intelectualidad que les permita desarrollarse y proyectarse académicamente. La relevancia de la investigación debería estar instalada en cada departamento de cada facultad. Y uno de los puntos más importantes es que la Universidad debe tener la mejor Facultad de Educación del país, con un enfoque interdisciplinario y que cuente con los recursos suficientes para formar buenos profesores en todos los niveles y en todas las disciplinas. Esto requiere de mucha decisión política, pero también generosidad de los programas de educación que existen en la Universidad.

 

*Publicado en El Paracaídas #13

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